Albert·Literatura

LEV NIKOLÁIEVICH TOLSTÓI

“El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace”

Este pensamiento es como una tonteria obvia, però es más profundo de lo que parece. Lo dijo un escritor que vivió en consonància con sus principios hasta el último momento. Lo dijo Lev Tolstoi, un gigante de la literatura rusa y mundial. Nacido en Yásnaia Poliana (Rusia) en setembre de 1828, con solo dos obras  se consagró como el principal exponente de la literatura realista: “Anna Karenina” y “Guerra y Paz” en las cuales refleja fielmente la sociedad que conocía. Además de estas dos obras capitales, Tolstoi también escribió varias novelas de menor importancia, muchos cuentos cortos y ensayos de diferentes temas filosóficos y políticos.

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Al margen de su obra literaria, Tolstói, aristócrata como toda su família,  tuvo una gran influencia en el desarrollo y consolidación del movimiento anarquista, principalmente como precursor de la corriente anarquista cristiana.

Tolstói fue el fundador, el patriarca, del denominado movimiento filosófico tolstoiano.Los tolstoianos se consideran a sí mismos cristianos pacifistas, pero no pertenecientes a ninguna de las iglesias oficiales. Tolstói fue muy crítico con la iglesia ortodoxa, lo que le llevó a la excomunión en 1901. Los tolstoianos seguían la filosofía que Tolstói predicaba: vida sencilla, ascética y simple. Eran vegetarianos y no consumían tabaco ni alcohol. En algunos casos concretos eran célibes.

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Tolstói entendía que un cristiano estaba definido por el Sermón de la Montaña, resumido en cinco proposiciones simples:

  1. Amar a tus enemigos
  2. No enfadarse
  3. No luchar contra el mal con mal, sino devolver mal con bien (poner la otra mejilla)
  4. Evitar la lujuria
  5. No jurar

No creía en los gobiernos de ninguna clase rechazando la instituciones que derivan del estado y al estado mismo.

Murió a los 82 años de una neumonía después de abandonar su hogar por no estar de acuerdo con el modo de vida aristocrático de su familia y amigos.

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Volviendo a la literatura, Tolstoi fue un maestro en la descripción de los sentimientos de sus personajes. Veamos a continuación  un fragmento de “Anna Karenina” donde se aprecia su maestría. Con pocas palabras vemos claramente  las dudas de Vronsky y la determinación de Anna:

“Ana dio algunos pasos en silencio, cobrando ánimo, y de pronto se detuvo.
–Ayer no te dije –empezó, respirando precipitada y dificultosamente– que, al volver a casa con mi marido, se lo conté todo. Le dije que no podía ser su mujer y que… Se lo dije todo…
Vronsky la escuchaba, inclinando el cuerpo hacia ella sin darse cuenta, como deseando así suavizarle las dificultades de su situación.
–Vale más, mil veces más –dijo–, pero comprendo lo penoso que te habrá sido.
Ana no escuchaba sus palabras; le miraba sólo al rostro, tratando de leer en él sus pensamientos. No adivinaba que lo que el rostro de Vronsky reflejaba era el primer pensamiento que se le había ocurrido: la inminencia del duelo. Ana no pensaba nunca en semejante cosa y por ello dio una explicación diferente a aquella expresión de momentánea gravedad.
Al recibir la carta de su marido comprendió en el fondo que todo iba a seguir como antes, que le faltarían fuerzas para renunciar a su posición en el gran mundo, abandonar a su hijo y unirse a su amante. La mañana pasada en casa de Betsy le afirmó más aún en esta convicción. No obstante, la entrevista con Vronsky tenía para ella una importancia excepcional, pues confiaba en que después de ella variaría su situación y ella se sentiría salvada.
Si al recibir la noticia Vronsky, sin vacilar un momento, decidido y apasionado, hubiese contestado:
«déjalo todo y huyamos juntos», ella habría abandonado a su hijo y se habría ido con él.
Pero la noticia no produjo en Vronsky la impresión que esperaba Ana; él parecía sólo sentirse ofendido por algo”

 

 

Sobre las dos principales novelas de Tolstoi, en el cine mundial se han filmado diferentes versiones, principalment de “Anna Karenina”, de una de las más celebradas, la que en 1935 dirigió Clarence Brown con Greta Garbo en el papel de Anna, podemos ver la secuencia final.