Albert·Música

A JOHN BARRY LE GUSTABA EL JAZZ

John Barry, el músico que nos ha endulzado el cine con sus orquestaciones de cuerdas y viento, magníficas por cierto, basta recordar “Memorias de Africa”, “Bailando con lobos” y tantas de la saga de James Bond, tenía una debilidad por el jazz. En su juventud había tocado la trompeta en un grupo llamado The John Barry Seven.

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La música de John Barry, la música que compuso para infinidad de películas es inconfundible, tiene un sello propio, con excepciones que colaba en medio de su obra más clásica. Excepciones memorables como “El león en invierno” con aires medievales o “Body Heat” con un saxo impresionante. Varias de las excepciones, como la mencionada “Body Heat” siempre tenían un toque jazzístico, recordemos “Cotton Club”, “Ipcress”, “Howard” o “Midnigth Cowboy”.

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De esta última es la pieza del video a continuación. La poco conocida “Fun City” (La ciudad de la diversión) con unas imágenes muy bellas de Nueva York. Y John Barry tocando un piano delicioso.

 

 

 

 

Albert·Literatura

LEV NIKOLÁIEVICH TOLSTÓI

“El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere sino querer siempre lo que se hace”

Este pensamiento es como una tonteria obvia, però es más profundo de lo que parece. Lo dijo un escritor que vivió en consonància con sus principios hasta el último momento. Lo dijo Lev Tolstoi, un gigante de la literatura rusa y mundial. Nacido en Yásnaia Poliana (Rusia) en setembre de 1828, con solo dos obras  se consagró como el principal exponente de la literatura realista: “Anna Karenina” y “Guerra y Paz” en las cuales refleja fielmente la sociedad que conocía. Además de estas dos obras capitales, Tolstoi también escribió varias novelas de menor importancia, muchos cuentos cortos y ensayos de diferentes temas filosóficos y políticos.

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Al margen de su obra literaria, Tolstói, aristócrata como toda su família,  tuvo una gran influencia en el desarrollo y consolidación del movimiento anarquista, principalmente como precursor de la corriente anarquista cristiana.

Tolstói fue el fundador, el patriarca, del denominado movimiento filosófico tolstoiano.Los tolstoianos se consideran a sí mismos cristianos pacifistas, pero no pertenecientes a ninguna de las iglesias oficiales. Tolstói fue muy crítico con la iglesia ortodoxa, lo que le llevó a la excomunión en 1901. Los tolstoianos seguían la filosofía que Tolstói predicaba: vida sencilla, ascética y simple. Eran vegetarianos y no consumían tabaco ni alcohol. En algunos casos concretos eran célibes.

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Tolstói entendía que un cristiano estaba definido por el Sermón de la Montaña, resumido en cinco proposiciones simples:

  1. Amar a tus enemigos
  2. No enfadarse
  3. No luchar contra el mal con mal, sino devolver mal con bien (poner la otra mejilla)
  4. Evitar la lujuria
  5. No jurar

No creía en los gobiernos de ninguna clase rechazando la instituciones que derivan del estado y al estado mismo.

Murió a los 82 años de una neumonía después de abandonar su hogar por no estar de acuerdo con el modo de vida aristocrático de su familia y amigos.

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Volviendo a la literatura, Tolstoi fue un maestro en la descripción de los sentimientos de sus personajes. Veamos a continuación  un fragmento de “Anna Karenina” donde se aprecia su maestría. Con pocas palabras vemos claramente  las dudas de Vronsky y la determinación de Anna:

“Ana dio algunos pasos en silencio, cobrando ánimo, y de pronto se detuvo.
–Ayer no te dije –empezó, respirando precipitada y dificultosamente– que, al volver a casa con mi marido, se lo conté todo. Le dije que no podía ser su mujer y que… Se lo dije todo…
Vronsky la escuchaba, inclinando el cuerpo hacia ella sin darse cuenta, como deseando así suavizarle las dificultades de su situación.
–Vale más, mil veces más –dijo–, pero comprendo lo penoso que te habrá sido.
Ana no escuchaba sus palabras; le miraba sólo al rostro, tratando de leer en él sus pensamientos. No adivinaba que lo que el rostro de Vronsky reflejaba era el primer pensamiento que se le había ocurrido: la inminencia del duelo. Ana no pensaba nunca en semejante cosa y por ello dio una explicación diferente a aquella expresión de momentánea gravedad.
Al recibir la carta de su marido comprendió en el fondo que todo iba a seguir como antes, que le faltarían fuerzas para renunciar a su posición en el gran mundo, abandonar a su hijo y unirse a su amante. La mañana pasada en casa de Betsy le afirmó más aún en esta convicción. No obstante, la entrevista con Vronsky tenía para ella una importancia excepcional, pues confiaba en que después de ella variaría su situación y ella se sentiría salvada.
Si al recibir la noticia Vronsky, sin vacilar un momento, decidido y apasionado, hubiese contestado:
«déjalo todo y huyamos juntos», ella habría abandonado a su hijo y se habría ido con él.
Pero la noticia no produjo en Vronsky la impresión que esperaba Ana; él parecía sólo sentirse ofendido por algo”

 

 

Sobre las dos principales novelas de Tolstoi, en el cine mundial se han filmado diferentes versiones, principalment de “Anna Karenina”, de una de las más celebradas, la que en 1935 dirigió Clarence Brown con Greta Garbo en el papel de Anna, podemos ver la secuencia final.

 

Albert·cuento

KATA TON DAIMONA EAYTOY

– Señoras, señores, les pido disculpas. El concierto debe suspenderse en este momento. Por causas que ignoramos, la solista, la señorita Eva Zilahy, se encuentra en paradero desconocido.

El rumor se hizo más evidente. El mensajero murmuró unas excusas incoherentes que apenas escuchó nadie y salió del escenario con pasos precipitados.

En aquel mismo momento Eva Zilahy corría sin parar por las calles de París. Con una mano se subía el borde del vestido verde para evitar un tropiezo y en la otra, arrugado dentro del puño apretado, llevaba un papel escrito. Las lágrimas apenas le permitían ver donde pisaba. En aquel papel había leído una sola frase escrita con letras mayúsculas, grandes e irregulares: KATA TON DAIMONA EAYTOY.

 

KATA TON DAIMONA EAYTOY  escribió Jim con un lapicero en una de las servilletas de papel que había sobre la mesa de mármol. Estaban sentados tomando un pastis con las manos entrelazadas “Si algún día te llega un papel con esto escrito, sabrás que me he suicidado” le dijo en un susurro al oído “y además quiero que se puedan leer estas mismas palabras en mi tumba”.

Los ojos de Eva se llenaron de lágrimas. Miró a su alrededor por si alguien había escuchado. Había poca gente en aquel bar del Boulevard Sant Germain a esa hora de la madrugada: un par de mujeres en la barra, un tipo haciendo un solitario y al fondo una pareja mayor mirando al vacío. Eva se tranquilizó, nadie prestaba atención a las palabras de Jim y a su llanto. “Cheims, no digas estas cosas. Me haces llorar” él le pasó los dedos por la mejilla. “No llores Eva, las cosas son así” sonrió. “Y me llamo James, no Cheims… aunque todos me llaman Jim… todos menos tú” “¿Chim?… no me gusta Chim… prefiero Cheims” restañándose una lágrima que le corría por la cara. “Vale, llámame como quieras… pero llámame” volvió a sonreír. Ella supo que no había visto una sonrisa tan dulce jamás “El 3 de julio tocaré a Fauré en la Salle Pleyel. ¿Vendrás?” “Claro que vendré. No podría no hacerlo… pero me has de prometer que no lloraras más esta noche”. Ella negó con la cabeza. “Si no quieres hacerme llorar no digas esas cosas tan… horribles” “De acuerdo, no te lo diré más, pero quiero que lo recuerdes…”.

 

“Este es el fin, bello amigo, este es el fin, mi único amigo, el fin de nuestros elaborados planes, el fin de todo lo que se tenga en pie, el fin sin seguridad o sorpresa, el fin. Yo nunca miraré dentro de tus ojos otra vez, puedes hacerte una idea de lo que será tan ilimitado y libre, desesperadamente necesitado de la mano de algún extraño en una tierra desesperada” recitó susurrando “¿Te gusta? Es el poema con el que empieza una de nuestras primeras canciones. Lo escribí yo”. “Es triste, Cheims, es muy triste. ¿Tú no puedes escribir poemas alegres?” “Me sale así… soy así”. La luz de un semáforo intermitente entraba por la ventana de la habitación y le daba a su mirada un reflejo demoníaco “Tú no eres así, Cheims…tú no eres así”. Eva apoyó la cabeza en su hombro desnudo y cogiéndole la mano la llevó a su pecho. “Tócame, tócame… no dejes de tocarme”. El, con las yemas de los dedos acariciaba su piel tibia mientras sus labios repetían como una letanía “este es el fin, bello amigo, este es el fin… el fin… el fin…”. Con un dedo selló su boca para no oír aquellas palabras que le dolían. “Sssshhhh… no digas nada más… solo tócame”. El semáforo se apagó. Por la ventana entró la luna blanca y transparente. Miró dentro de sus ojos otra vez.

Dominaba el espacio, el público lo adoraba y él lo sabía. Aquellos pantalones de cuero tan ceñidos y sus cabellos alborotados transportaban a Eva, olvidaba quién era, olvidaba dónde vivía y de dónde venía. Ese mes de junio del 71 había cambiado su vida. escuchar su voz, en el escenario,  gritando “Try to set the night on fire” le provocaba un extraño calor en el sexo y sus pezones se mantenían erectos todo el tiempo que duraba la canción. Al terminar, le vio saltar a la platea y sin fuerzas para oponerse, se encontró entre sus brazos detrás del escenario. Jim le dijo hasta tres veces “ Vamos a cabalgar en la tormenta” mientras la desnudaba “¿Dónde has estado todo este tiempo?” “¿No lo sabes? Esperándote” le dijo él apartándole el cabello de los ojos “Estaba esperándote”.

Era una noche fría de finales de mayo. El bar estaba cerca del Sena y para entrar había que bajar tres escalones. La adivinó en cuanto traspasó la puerta “Estoy seguro de no haber visto a esa chica jamás”. El interior era muy oscuro pero había luz suficiente como para apreciar la transparencia de aquella piel. “¿De dónde has salido tú?” Su risa alegre le iluminó la vida. “De Budapest” “Imposible… tú vienes del reino de las hadas” “¿Y tú? ¿De dónde has salido tú?” “Del infierno…pero ya no…ya no”. Salieron juntos a pisar las calles mojadas. El mundo, el tiempo y la luz ya no contaban. Sólo sus ojos. Había mirado dentro de sus ojos y se quedó para siempre.

Albert.
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Albert·cine y literatura

CINE Y LITERATURA: “LA MUERTE EN VENECIA”

Gustav Mahler, Thomas Mann y Luchino Visconti, tres personalidades que vamos a relacionar con una obra maestra, en literatura, en cine y en música.

 

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Gustav Mahler
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Thomas Mann

 

 

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Luchino Visconti

“La muerte en Venecia” es el título de una de las  novelas cortas que escribió Thomas Mann editada en 1912. El argumento es simple y muy conocido, un anciano compositor alemán, de nombre Gustav Von Aschenbach, está de turismo en Venecia y se siente atraído por un joven polaco de 14 años, cuya mera presencia despierta su homosexualidad oculta. Pierde el control hasta el punto de que la atracción se convierte en obsesión, se abandona tanto que contrae una enfermedad mortal y fallece sin llegar a mostrar al joven sus sentimientos. Es de destacar que para la composición del personaje de Aschenbach, se considera que Mann le dotó de algunos de sus propios atributos y también de rasgos propios de Gustav Mahler.

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Aun siendo un argumento simple, el trasfondo de la historia es más complejo. Estamos ante una obra que toma referencias de distintas fuentes, Sin ánimo de profundizar, tampoco se trata de un ensayo, vemos claramente influencias de Platón, con sus teorías sobre el “mundo sensible” y el “mundo inteligible”. Es evidente que el protagonista, Aschenbach, experimenta un enamoramiento “platónico” del joven Tadzio, que a su vez representa el ideal, la “belleza” en estado puro, la estética perfecta tan importante para el autor y también, como veremos más adelante para Visconti.

 

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Von Aschenbach y Tadzio en la película

 

Otro referente importante es Nietzsche y su “teoría de la culpa y la deuda”, un filósofo al que Mann admiraba profundamente. La revelación para Aschenbach, después del amor platónico que le inunda el alma y le llena de felicidad, será la presencia de la Vida, como concepto. Todos los elementos que la componen aparecen para volver al punto de partida después de la belleza y el amor: lo inalcanzable, la enfermedad, la suciedad, lo infecto, la muerte en definitiva. Eros y Thanatos, como lo definió Freud, otra referencia.

Orfeo y su bajada a los infiernos para encontrar el amor perdido más allá de la vida, también forma parte de esta historia simple pero compleja al mismo tiempo, esta historia polireferencial.

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En el otro lado del espejo tenemos la película de Luchino Visconti, homosexual y esteta reconocido, tan esteta que dice la leyenda que los cajones de los muebles de sus películas tenían que estar ocupados por ropa y enseres aun cuando no tuvieran que abrirse para nada. Igualmente, la ropa que vestían los personajes de “Muerte en Venecia” estaba almidonada y planchada a la manera de la época que representaban. Nótese que en el tránsito entre la obra literaria y la obra cinematográfica la historia pierde el artículo “La” inicial.

La película se filmó en 1971 siendo el protagonista el actor británico Dirk Bogarde que hizo una interpretación notable. Visconti es fiel al espíritu de la novela y donde Mann se detenía en explicar la evolución de Aschenbach desde la depresión inicial, hasta la desesperación y muerte final pasando por el descubrimiento de la belleza y el amor, Visconti aprovecha la potencia de las imágenes que permite el cine. Es memorable la escena final, el triunfo de Thanatos con la muerte patética del anciano en una tumbona de la playa del Lido, completamente solo, mientras el objeto de su amor, la belleza ideal, Tadzio, se ve a lo lejos ajeno por completo al drama que desencadena su sola presencia.

Y Mahler? Pues además de la referencia comentada aportando parte de su ser en la creación de Von Aschenbach, Visconti tuvo el acierto de acercar parte de su obra a la película cuando escogió el maravilloso “Adagietto” de su 5ª Sinfonia como parte importante de la banda sonora de la película. Las imágenes y la música forman una unidad como pocas veces se ha podido apreciar en el cine del siglo XX.

 

Albert·Pintura

GIOTTO DI BONDONE

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“Homenaje de un hombre sencillo” Iglesia de San Francisco, Asis

A finales del siglo XIII, un pintor italiano  sentó las bases para la futura revolución pictórica del Renacimiento. Desde nuestra perspectiva podemos tener la tentación de ponerlos a todos en la misma época y no es así. Cuando el llamado Giotto di Bondone nació, en 1266, todavía faltaba un siglo para que vinieran al mundo los Masaccio, Fra Angélico o Filippo Lippi y siglo y medio para que nacieran Miguel Angel, Leonardo o Botticelli.

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Crucifijo de Cimabue en la Santa Croce de Florencia
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Crucifijo de Giotto en Santa María Novella de Florencia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando nació Giotto, su antecesor y maestro Cimabue tenía unos 26 años y precisamente en su taller y bajo su influjo empezó Giotto su obra que se puede considerar revolucionaria. Fue el primero en dotar a la pintura de realismo  creando la ilusión de profundidad en una superficie plana, cien años antes de la visión  perspectiva en la pintura renacentista. En las primeras obras de Giotto ya se aprecia su interés en manifestar la fisicidad, los personajes se tocan o tocan los objetos a su alrededor y también se relacionan entre sí, con miradas penetrantes, rictus en la boca y rostros dramáticos, creando escenas  mucho más próximas al espectador que las pinturas medievales predominantes.

 

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“La comprobación de los estigmas” fresco de la Iglesia Superior de Asís.

Sus temas, siempre religiosos, son tratados de una manera nueva que presagiaba el esplendor de la pintura renacentista que estaba a punto de aparecer para reinar en Europa durante más de dos siglos. El Barroco no aparecería hasta finales del siglo XVI, Caravaggio nació en 1571.

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“El jucio universal” capilla de los Scrovegni en Padua

 

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“La Epifanía” capilla de los Scrovegni en Padua
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“Expulsión de los demonios de Arezzo” en la Basílica de San Francisco en Asís.

 

Ya en su época, Giotto fue reconocido por sus contemporáneos, el propio Dante en su “Divina Comedia” (1310) le dedica unos versos en el “Purgatorio”. Dante dice así:

“Creyose Cimabue en la pintura

Ser el señor, pero hoy domina Giotto

Y la fama de aquel es hoy oscura”

 

Y también Boccaccio en su “Decamerón” (1350) dice de Giotto:

“…Él devolvió el honor al arte del pincel, caído en el abandono durante siglos por el error de algunos que más atendían a deleitar los ojos de los ignorantes que a complacer el entendimiento de los sabios y gracias a este mérito, con justicia hoy lo consideramos uno de los primeros y más grandes liminares de la gloria florentina…”

 

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Detalle de “Llanto ante Cristo Muerto” capilla de los Scrovegni, Padua

A finales del siglo XIII, cuando nació Giotto la música que se podía escuchar era monofónica, obras profanas como esta “Tempus est Jocundum” de la Carmina Burana medieval:

 

o música sacra como las Cantigas de Santa María