Albert·comic

HUGO PRATT

Armin Linke, Hugo Pratt, Grand Vaux (Lausanne) Switzerland, 1994

El 15 de junio de 1927, nació cerca de Rímini, Hugo Pratt. Se trata de uno de los historietistas más influyentes en el mundo del cómic del siglo XX. Hugo Pratt descendía de sefardís. Los antepasados de sus padres habían sido sefardís convertidos al cristianismo después del exilio. Extraordinariamente culto y erudito, en sus obras aflora una gran cantidad de información histórica y cultural, tanto en sus dibujos como en sus guiones. Pratt era un trotamundos, después de Italia donde nació, estuvo viviendo en Etiopía durante seis años. Posteriormente y hasta principios de los 60, estuvo viviendo y trabajando alternativamente en Italia, Argentina y Gran Bretaña para finalmente volver de nuevo a Italia donde publicó el grueso de su obra gráfica.

En 1945, con 18 años, empezó a dibujar cómic formando parte del llamado “Grupo de Venecia”, donde figuraba el guionista Alberto Ongaro y los dibujantes: Carcupino, Pavone, Paolo Campani y Dino Battaglia entre otros. Cuatro años más tarde se trasladó a Argentina con Ongaro. Hugo Pratt estuvo muy activo no solo como dibujante sino también como guionista. Ilustró guiones de Ongaro y de Germán Oesterheld y guiones propios. A partir de 1962 de regreso a Italia trabajó como dibujante para a revista “Il corriere dei piccoli” para finalmente iniciar su período más fecundo, en 1967,creando una revista propia a la que llamó “Sargento Kirk” donde apareció por primera vez su personaje principal “Il corto maltese”.

Hugo Pratt era un maestro en el blanco y negro con evidentes influencias de Milton Caniff y Will Eisner pero, a la vez, con un estilo muy personal y que influyó en dibujantes europeos más jóvenes como José Muñoz, Milo Manara o Manfred Sommer, entre otros. Como guionista, en sus historias se aprecia la influencia que tuvieron sus lecturas de juventud apareciendo en su obra la impronta de Jack London, Fenimore Cooper, Melville o el mismo Borges. Su estilo era peculiar, trazos gruesos, poco claros pero espontáneos y vigorosos y con unas compaginaciones espectaculares e innovadoras.

Pratt tuvo un reconocimiento menor hasta la aparición de su personaje más carismático en 1967. A partir de entonces alcanzó una popularidad a nivel mundial que pocos dibujantes han conseguido. Ese personaje, un icono universal, era “El Corto Maltese”. Al principio como personaje secundario en la historia “Una balada del Mar Salado” y después en toda su plenitud en historias como “Corto Maltés en Siberia”, “La casa dorada de Samarcanda”, “Fábula de Venecia”, “Bajo el signo de Capricornio” o “Las célticas” y muchas más hasta un total de 29 historias, cortas y largas, en las que aparecía el carismático personaje. Pirata romántico y caballeroso, El Corto, su alter ego, circulaba por la historia y la geografía de su tiempo acompañado de personajes históricos como Rasputín, Butch Cassidy, Sundance Kid o el mismo Jack London. Pratt le dio a su personaje una historia.  “el Corto Maltese”, era hijo de una andaluza, “La niña de Gibraltar”, y de un marinero inglés de Cornualles. Nació en Malta y pasó su infancia en Córdoba siendo educado por un rabino llamado Ezra Toledano (una de las familias de los antepasados sefardís de Pratt, eran precisamente los Toledano). Pratt enriqueció al Corto con una característica personal que es significativa del carácter con el que dotó a su personaje. Una gitana amiga de “La niña de Gibraltar”, su madre, al leer la mano de “el Corto” descubrió que no tenía la línea de la fortuna. Él, sin inmutarse, con la navaja de afeitar de su padre se grabó una línea a su gusto, aunque no le gustaba enseñarla.

Para mí, “el Corto”, es uno de los personajes del cómic más entrañable y conseguido al estar dotado de una trayectoria vital coherente y rica. Pratt tiene en su obra personal otros personajes interesantes pero ninguno como él. Ernie Pike o el Sargento Kirk son los más importantes aparte de “el Corto”.

Hugo Pratt también fue escritor de novelas, algunas con temas de su propia obra gráfica, así como ilustrador de libros propios y ajenos.  Hugo Pratt falleció a los 68 años en Suiza, donde residía, pero su obra le mantiene en la memoria de la cultura popular.

(*) En este mismo blog en Febrero de 2018 se publicó un post sobre El Corto Maltese

Albert·Fotografía

KATI HORNA: FOTÓGRAFA, ARISTÓCRATA Y ANARQUISTA

Katalin Deutsch Blau nace en Budapest, en 1912. Su familia era muy acomodada, su padre era banquero, se podría calificar incluso de una familia aristocrática, si bien eran judíos con lo que su raza y clase social serían determinantes para experimentar, en pocos años, un cambio importante en su vida con el ascenso del nazismo en Centroeuropa. Con 19 años abandonó la seguridad amenazada de su hogar y se trasladó a Berlín con la idea de aprender las técnicas fotográficas más vanguardistas en la escuela de la Bauhaus y poco después, de nuevo en Budapest, en el taller del prestigioso fotógrafo húngaro Josef Pécsi. En 1932, ante la realidad del peligro para las clases intelectuales huyó a París donde empezó realmente su carrera fotográfica que le acompañaría toda su vida hasta su muerte en Méjico en el año 2000 con 88 años.

Una vez en París completó su formación fotográfica de la mano de otro fotógrafo húngaro exiliado, un tal Endre Friedmann, más tarde conocido mundialmente como Robert Capa. En París trabajó para la agencia “Press Photo”, con reportajes ya muy estimables como “El mercado de las pulgas” o “Los cafés de París”. También empezó su interés por el surrealismo al incorporarse a un grupo de intelectuales y artistas alemanes que se reunían en el “Café des Fleurs” en Montparnasse.

Surrealismo

Surrealismo

Su ideario político ya era por aquel entonces de índole anarquista. En 1936, al estallar la Guerra Civil española se trasladó a Barcelona junto con Robert Capa y dos fotógrafas que serían muy importantes en el futuro: Tina Modotti y Gerda Taro. La intención del grupo era documentar el conflicto español.

Gerda Taro descansando en 1936 (foto de Robert Capa)
Milicianos descansando en el frente de Aragón en 1937

Niños frente a una escuela en 1937

Plaza de Catalunya en 1937

Katalin Deutsch llegó a España como reportera de  la CNT y concretamente para publicitar en el extranjero la situación de los pueblos aragoneses colectivizados por el gobierno republicano. Sus fotografías del frente fueron visibles en publicaciones anarquistas: “Tierra y Libertad”, “Tiempos nuevos” o “Mujeres libres” así como en la revista “Umbral”. Allí conoció al que sería su esposo: José Horna que trabajaba como cartógrafo para la República. Después de su matrimonio adoptó su nuevo nombre por el que sería conocida en el futuro: Kati Horna.    

José Horna

La vida cotidiana durante la Guerra Civil

Casa de la Maternidad de Vélez-Rubio 1937

En 1939, con el triunfo de los nacionales, el matrimonio Horna huyó de nuevo a París pero no pudieron establecerse allí por causa de la inminente invasión alemana en Francia, un republicano español y una judía anarquista tenían pocas posibilidades de sobrevivir en la Francia ocupada, por lo que volvieron a desplazarse, esta vez definitivamente, hasta Méjico.

Una vez en Méjico Kati Horna se incorporó a un grupo establecido de intelectuales exiliados que se reunían en una casa de la calle del Tabasco en Ciudad de Méjico. Allí conoció a las que serían sus dos grandes amigas en el exilio: las pintoras Remedios Varo y Leonora Carrigton. Las tres formaron el grupo que llamaron “las brujas”.

Remedios Varo

Leonora Carrington

Remedios Varo con una máscara de Leonora Carrington

Kati Horna desarrolló en Méjico una enorme labor como fotógrafa para revistas surrealistas como: “S.nob” y para publicaciones realistas como “Revista de Revistas”, “Mujeres”, “Perfumes y modas”. Así mismo realizó importantes reportajes fotográficos como: “El manicomio de la Castañeda” o “Una noche en el sanatorio de muñecas”

De la colección “Sanatorio de muñecas)

En el manicomio de La Castañeda

A partir de 1973, trabajó como profesora de fotografía en la Universidad Autónoma de México y en la Universidad Iberoamericana.

Kati Horna falleció en el año 2000 con 88 años. En su obra fotográfica se encuentran por igual milicianos en el frente en plena guerra y civiles en su vida cotidiana, madres y criaturas. Su personalidad discreta y un tanto enigmática la llevó a ser poco conocida en vida ya que no daba entrevistas ni tenía interés en tener una vida pública más allá de sus círculos personales. No obstante su obra fotográfica, generada durante toda su vida, es enorme. En el Fondo Kati Horna hay más de 20.000 negativos que gestiona su hija Ana María Norah Horna y Fernandez y que está realizando una gran labor para que se reconozca el trabajo de su madre que permaneció fiel a sus ideas hasta el final.

Uno de sus amigos de la época mexicana, el editor José Luis Díaz la definía así: “Aristócrata por herencia, anarquista por convicción, seductora por naturaleza y vagabunda por vocación, es una combinación que lleva implícita la nostalgia de lo perdido y el asombro de lo encontrado”.

De su etapa Surrealista
La mirada de Kati Horna

Albert·Cine·cuento

EL CLUB DE FANS (Un cuento de cine un poco macabro)

– ¡No tiene cabeza! ¡Esas…zorras se la han llevado! Y ahora… ¿qué hacemos? –se lamentó Myra, tapándose la boca con la mano.

– ¡Qué guarras! ¿Cómo han podido…? –asintió Helen con un gemido.

Las dos jóvenes estaban arrodilladas a ambos lados de un ataúd de caoba con la tapa abierta. En el interior se podía ver un cuerpo de hombre vestido con traje de etiqueta. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y en las manos sostenía una cruz rústica de madera. Se advertía que el difunto no había sido ni demasiado alto ni muy corpulento. Lo más sorprendente, al margen de que no tenía cabeza, era que se adivinaba claramente su juventud. Aquel cuerpo correspondía a un hombre muy joven.

Myra y Helen eran la presidenta y secretaria, respectivamente, del club de fans de Rudolph Valentino de Tallahassee. Su dolor no tenía límite. Su ídolo había fallecido una tarde de agosto y al día siguiente ya habían decidido lo que debían hacer. Irían al Hollywood Memorial Park Cemetery, abrirían la tumba de su Rudolph y le cortarían la cabeza. Formaban parte de un grupo de personas positivas. A ninguno de los componentes del club se le habría podido ocurrir suicidarse. Corrían rumores, no confirmados oficialmente, de que en el club de fans de Savannah se había organizado un suicidio colectivo y se hablaba de ocho fallecidas con las venas cortadas. En Galveston, al parecer, también se habían suicidado cuatro muchachas en el parque público de la ciudad. Se decía que utilizaron barbitúricos. En muchas de las ciudades de Estados Unidos, principalmente en los estados del sur, había noticias de mujeres, no todas jóvenes, que se habían quitado la vida como consecuencia de la muerte de Rudolph Valentino. El latin lover de Hollywood.

–Estoy segura de que esto ha sido obra de las brujas del club de Miami Beach –dijo Myra con voz sibilante y con la mirada turbia–. Me temía algo así desde que me llamó Anabella el día en que él murió.

– ¿Anabella? ¿Quién es esa Anabella?

–Es la zorra que se cree que es suyo. La presidenta del club de Miami Beach. Me propuso abrir la tumba y…

– ¡Pues lo han hecho! ¡La han abierto! ¡Las muy…! –Helen, muy alterada, se levantó blandiendo un hacha de grandes dimensiones y gritó olvidando toda precaución– ¡Anabella, guarra! ¡No es tuyo! ¡Es de todas!

– ¡Helen, no grites! –intervino Myra mirando asustada alrededor– ¡Te van a oír y la vamos a liar! ¡Cállate, por favor! Es inútil, Anabella no te oye. Lo más probable es que ya estén de vuelta a Miami.

Habían pasado cuatro días desde la muerte de Valentino cuando se pusieron en marcha  atravesando el país para conseguir su objetivo. Helen condujo su Chevrolet Speedster, de color rojo brillante, a toda velocidad por las carreteras del sur del país. En el maletero llevaban las herramientas necesarias para lo que tenían pensado ejecutar: un hacha bien afilada, palancas metálicas de diferentes tamaños, una lámpara de petróleo, un par de litros de formol y un recipiente lo suficientemente grande como para contener una cabeza humana.

Llegaron a Los Angeles tres días después, alojándose en un siniestro hotel en Glendale, cerca del Griffith Park. La tarde del mismo día visitaron la mansión donde había vivido Valentino. Se llamaba Falcon Lair y estaba en Beverly Hills. En la puerta principal se amontonaba una cantidad ingente de flores blancas y rojas. No les permitieron entrar y permanecieron un rato delante de la casa llorando abrazadas. Cuando se recuperaron, se dirigieron al cementerio de Hollywood para estudiar los detalles sobre el terreno. Estaban dispuestas a abrir la tumba esa misma noche. En ningún caso pensaron que alguien podía haberles tomado la delantera.

Más tarde, vestidas de oscuro y con una bolsa que contenía los útiles necesarios, saltaron, no sin dificultad, la tapia que separaba el cementerio de la ciudad.

No encontraron ni un alma mientras atravesaban sigilosamente el enorme parque. Poco después llegaron al edificio llamado The Cathedral Mausoleum, lugar donde descansaban los restos de su amado Rudolph. Una vez allí, localizar lo que buscaban fue relativamente sencillo. Otra montaña de flores lo señalaba claramente. Al fondo de uno de los pasillos se encontraba la tumba de Valentino. Era sencilla y discreta, lejos de la magnificencia de algunos de los mausoleos que habían visto cruzando el cementerio.

            Esperaron respetuosamente unos minutos. Les embargaban dos sentimientos contradictorios: por un lado el hecho de que él, o su cuerpo, estuviera más cerca de ellas de lo que lo había estado en vida, solo les separaba un tabique, y por otro lado la excitación del delito que estaban a punto de cometer.

            Por fin se decidieron a actuar. Encendieron la lámpara y la dejaron en el suelo, poniendo manos a la obra. Con la ayuda de las palancas que habían traído, y no sin esfuerzo, consiguieron sacar la lápida de mármol, en la que se podía leer: Rudolph Guglielmi Valentino  1895-1926.

            Al abrir la tapa del ataúd se dieron cuenta, con horror, de que alguien se les había adelantado. El cuerpo decapitado de Valentino estaba allí, pero no su rostro perfecto. Tras unos momentos de vacilación Myra y Helen se repusieron con rapidez. El hacha subió, permaneció suspendida en el aire unos segundos, y luego bajó golpeando con fuerza.

            Un local muy popular estaba ubicado en pleno centro de Tallahassee. Mezcla de casino de pueblo, bar nocturno y cafetería de desayunos, disponía además de un espacio extra en la parte posterior donde, al mover un par de billares con ruedas, se podían organizar reuniones, bailes o conferencias. Los sábados por la noche se encontraban los aficionados a la música cajún y los domingos por la tarde se reunían las componentes del club de admiradoras de Valentino. En el exterior, un letrero iluminado anunciaba al mundo que aquello era el famoso “Springtime Florida”. El centro del universo.

            Dos semanas después de los acontecimientos desarrollados en el cementerio de Los Angeles, se convocó a una asamblea extraordinaria, en la sala de billares de “Springtime Florida”, a  las socias del club de Valentino. Myra y Helen habían trabajado a conciencia con el fin de conseguir interesar al máximo número de afiliadas. Para ello utilizaron la imagen de Rudolph, con turbante y  mirada opaca, tal como aparecía en El hijo del caíd. Confeccionaron unos carteles de convocatoria –pagados con dinero de su bolsillo– y los repartieron por la mayoría de los establecimientos de la ciudad.

            Al mediodía del segundo domingo de septiembre la expectación era enorme. El local estaba lleno y en el centro del pequeño escenario, situado al fondo del local, se podía adivinar encima de una mesa un objeto oculto por un grueso paño rojo. Una pantalla blanca de quita y pon estaba preparada inmediatamente detrás de la mesa. Se apagaron las luces y se proyectó una selección de escenas memorables de Valentino actuando de torero español en Sangre y arena y en el papel de árabe en El hijo del caíd, última película que protagonizó antes de morir. Las escenas de dolor fueron indescriptibles. Los gritos y aullidos eran tan fuertes que algunos curiosos que pasaban por la calle entraban en el local y al ver el motivo del tumulto huían escandalizados.

            Una vez terminada la proyección, lentamente, se fue calmando  la excitación lacrimógena del público. Myra subió al escenario cubriéndose los labios con un apretado pañuelo blanco y, con esfuerzo, pudo balbucear:

            – ¡Queridas amigas! ¡Escuchadme… por favor! Es todo… muy triste. ¡Por favor! ¡Silencio! –Con el anillo que llevaba en su mano derecha golpeó insistentemente la mesa hasta conseguir la atención de las asistentes– ¡Amigas, escuchadme! Vamos a… descubrir lo que va a ser a partir de hoy objeto de nuestra adoración.

            Al entender la concurrencia el sentido de sus palabras, el silencio se instaló en la sala. Solo algunos suspiros y sollozos incontrolados lo rompieron tiernamente.

            – ¡Helen, sube aquí, por favor! –llamó Myra a la secretaria. Y, dirigiéndose a la sala, – Helen me ayudó a conseguir lo que estáis a punto de disfrutar… ¡Helen, coge de esta punta! –Le ordenó mientras señalaba uno de los extremos del paño rojo que ocultaba el objeto misterioso– ¿Estás preparada? ¿A la de tres?

            La expectación era enorme. Todos los ojos estaban fijos en el paño rojo que, con lentitud, cayó sobre la mesa. Las asistentes se quedaron atónitas al ver lo que ocultaba. De las bocas abiertas por la sorpresa empezaron a elevarse gritos agudísimos. Encima de la mesa, y ahora ya visible, destacaba un recipiente transparente, del tamaño de un cubo mediano, en cuyo interior, flotando en un líquido blanquecino se distinguía…

            – ¡El pie y la mano derechas de Rudolph Valentino! –gritaron al unísono Myra y Helen con un entusiasmo contagioso, al tiempo que saltaban y brincaban sobre el escenario con el paño protector revoloteando por encima de sus cabezas.

            La asamblea terminó ya entrada la noche y, después de una discusión en ocasiones violenta, se decidió, por mayoría simple, que una de las socias del Club de Admiradoras de Rudolph Valentino de la ciudad de Tallahassee vestida de negro y de incógnito, llevara un ramo de flores rojas y blancas a su tumba, en el aniversario de su muerte.

            Desde entonces, cada año, el día 23 de Agosto, una misteriosa dama vestida de negro deposita un hermoso ramo de flores blancas y rojas al pie de la tumba de Rudolph Valentino. De su cabeza, así como de su mano y pie derechos, nada se ha vuelto a saber.

Albert·Música

GEORGE HARRISON; EL BEATLE MÍSTICO

El 25 de febrero de 1943, nacía en Liverpool, en los momentos más duros de los bombardeos nazis,  George Harrison, el futuro guitarra solista del grupo The Beatles.

George creció en el seno de una familia humilde pero estructurada, al contrario que sus compañeros de grupo. Su padre era conductor de autobús y su madre, de origen irlandés, educó a sus hijos en el catolicismo.

 Desde pequeño, escuchaba todo tipo de música por la radio, desde el viejo music-hall británico hasta el country de Hank Williams. A los trece años le compró a un amigo su primera guitarra, por algo más de tres libras. Por entonces se hizo amigo de Paul McCartney, con quien realizaba el mismo trayecto diario en autobús. Paul le presentó a John Lennon, con quien formaba el grupo The Quarrymen.  Cuando se incorporó a The Quarrymen, que era el embrión primigenio de The Beatles, George tenía quince años y estaba mal visto por el resto de los componentes. Cuando en 1960 se crearon definitivamente The Beatles, con diecisiete años ya era el guitarrista principal y, sin discusión, el mejor músico del grupo.

Puerto de Liverpool

Liverpool era uno de los puertos ingleses con más tráfico marítimo con los Estados Unidos y por allí llegaba a Inglaterra la música americana mediante los marinos mercantes que iban y venían.

Por entonces, George estaba enamorado del rock de  Fats Domino, Elvis Presley , Chuck Berry o Buddy Holly, aunque lo que tocaba era skiffle: una especie de rockabilly en el que la percusión consiste en una escobilla frotando una tabla de fregar, y cuyo máximo ídolo era Lonnie Donegan.

Harrison participó en la primera formación de The Beatles, con quienes trabajó durante años en clubes de Liverpool y Hamburgo (Alemania). La historia emprendió el vuelo cuando, en 1962, el mánager Brian Epstein les consiguió un contrato con EMI y grabaron, con George Martin de productor, Love me do. En pocos meses, el grupo se convirtió en un fenómeno de masas en Gran Bretaña, y en 1964 en el grupo favorito de América con I want to hold your hand. La película A hard day’s night, estrenada el mismo año, hizo de la «beatlemanía» un fenómeno mundial.

Eclipsado por el carisma de Paul McCartney y John Lennon, George,  siempre estuvo un paso por detrás en cuanto al reconocimiento popular. La primera canción compuesta por él, incluida e un disco del grupo fue Don’t bother me, del segundo álbum, Meet the Beatles, pero sus composiciones no tuvieron apenas salida hasta años más tarde. Su contribución como guitarra solista al sonido de la banda fue, sin embargo, decisiva. Sus punteos afilados y melódicos, herederos de Chet Atkins y Carl Perkins, y su acompañamiento vocal a las armonías de John y Paul fueron sus señas de identidad más características.

Las canciones primeras, las que formaban la parte clásica de los Beatles las compusieron principalmente Lennon y McCartney. En el álbum Help de 1965 se incluyeron dos composiciones de Harrison, concretamente I Need You y You Like Me Too Much. Desde entonces y hasta 1970, año de la separación de los Beatles, compuso varias canciones que se incluyeron en los álbumes siguientes, pero siempre con un máximo de dos, al parecer por una imposición tácita de John y Paul, entre las que compuso y finalmente se publicaron destacan Here Comes The Sun y Something. En el álbum Abbey Road.  Something es considerada un clásico de la música popular y una de las canciones más versionadas de todos los tiempos.

Imagen mítica del L.P. Abbey Road

A partir de 1966, el grupo decidió abandonar las actuaciones en directo y componer y grabar en estudio y también empezaron los roces entre los miembros del grupo que llevaron a su disolución definitiva en 1970. Fue después de la disolución que George emprendió una ingente carrera musical con diez álbumes en solitario y como productor de música y películas.

Ya en solitario, publicó el triple álbum All things must pass (1970), con canciones compuestas durante su etapa en el grupo y que no había podido incluir en los álbumes en común. Fue reconocido como una obra maestra y contenía la pieza My sweet lord, un homenaje al Hare Krishna y  primer éxito mundial  logrado por un beatle en solitario. Años más tarde, sin embargo, fue acusado de plagio de una antigua canción de The Chiffons y pagó la multa correspondiente.

George en su etapa más mística

Aprendiendo el sitar con Ravi Shankar

En su vida personal hay una etapa conocida de acercamiento a las culturas musicales y religiosas de la India llegando a abrazar el hinduismo y el Hare Khrisna, experimentó con instrumentos inéditos en el mundo del pop, como el sitar indio (él fue el introductor de Ravi Shankar en Gran Bretaña). Enamorado de la música y la religión hindúes y gran aficionado al LSD, participó activamente en Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band (1967), probablemente el disco más famoso de la historia, que podría haber sido el origen del movimiento psicodélico y pacifista a nivel mundial conocido como “hippismo”.

En 1971 impulsó el famoso “Concierto por BanglaDesh” produciendo una película y un triple disco con la intención de recaudar fondos para ayudar al país. George consiguió la colaboración de algunos de sus amigos como Bob Dylan, Ringo Starr, Eric Clapton o Billy Preston entre otros así como su maestro de sitar, Ravi Shankar.

George Harrison, afectado por el asesinato de Lennon en 1980 desapareció voluntariamente de la vida pública, para regresar siete años después para publicar el disco Cloud Nine. Al año siguiente participó en un supergrupo de amigos: The Traveling Wilburys con:Bob Dylan, Roy Orbison, Tom Petty, y Jeff Lynne grabando dos discos más.

The Travling Wilburys

Finalmente, en 1992 publicó su último disco personal Live in Japan y junto con Ringo y Paul grabar sobre la música de John en dos de sus canciones inéditas: Free as a bird y Real love.

No dejó de componer hasta su fallecimiento en noviembre de 2001 como consecuencia de un cáncer de pulmón. Había sido fumador toda su vida. Un mes antes de su muerte compuso y grabó su última canción A horse to wáter.

El carácter retraído y a veces esquivo de George le valió el apodo de “el beatle silencioso”, “serio”, o incluso “místico y espiritual”, por su afición a las religiones orientales, en oposición a la exuberancia y el magnetismo de sus compañeros de banda. Sin embargo, a su muerte, sus amigos recordaron principalmente su humanidad, su cáustico sentido del humor y su capacidad para disfrutar de la vida y de la música. Sus cenizas fueron esparcidas sobre el río Ganges.

En este video se puede apreciar una de sus canciones más bellas While my guitar gentl weeps con el grupo en su etapa más clásica. En esta versión la guitarra solista es de Eric Clapton a petición de George.

Y en este, la maravilla de Handle with care canción compuesta por todos ellos, nada menos que: Roy Orbison, Jeff Lynne, Tom Petty, Bob Dylan y el propio George, componentes del efímero supergrupo The Traveling Wilbury

Albert·Música

“SLIDE” LA TÉCNICA GUITARRÍSTICA DEL DESLIZAMIENTO

El slide o bottleneck es una técnica de guitarra en la cual se toca una nota, y luego se desliza un dedo de la mano izquierda a otro traste, hacia arriba o abajo del diapasón. El dedo que se desliza lleva un adminículo metálico o de vidrio. Esta técnica es utilizada para producir sonidos evocativos, llorosos, melancólicos o chillones. El término slide se utiliza en referencia al gesto de deslizamiento sobre las cuerdas, mientras que bottleneck se refiere al material original utilizado en dichos deslices, que era el cuello de botellas de vidrio.

Esta técnica es muy utilizada por los músicos hawaianos, en el country y en el blues.

El 15 de Marzo de 1947, nacía en Los Angeles un músico excepcional: Ry Cooder, considerado uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos. Es uno de los principales impulsores de la técnica slide.

Ry Cooder no destaca por su labor como intérprete en solitario, siempre ha trabajado como músico de estudio con grupos importantes como los Rollings, Chieftains, John Lee Hooker y otros. Donde su faceta como compositor si que ha tenido mucha importancia ha sido en el cine, como creador de Bandas Sonoras de prestigio entre las que destacan “Paris, Texas” y “Buena Vista Social Club”. ambas de Wim Wenders.

Siempre interesado en toda clase de música popular busca los orígenes trabajando con los pioneros de los diferentes géneros aprendiendo de ellos y colaborando activamente y es considerado como un etnomusicólogo además de un intérprete excepcional.

La revista Rolling Stone ha situado a Ry Cooder en el puesto nº 8 en su lista de los 100 guitarristas más grandes de todos los tiempos. Inmediatamente tras él aparecían en la lista Jimmy Page (de Led Zeppelin) y Keith Richards (de The Rolling Stones). ​ En 2010 el ranking de Gibson lo situó en el puesto 32. ​

Una de las constantes en el trabajo musical de Ry Cooder es su continua búsqueda e investigación de los paisajes sonoros de Estados Unidos primero y del mundo entero después, con su inmersión en la llamada World Music. Su obsesión por el origen de la música lo explica él mismo:

«He visto irse a tanta gente tan esencial en sus respectivos estilos que me voy acostumbrando. Apenas queda nadie entre los originales, en las fuentes musicales. Ellos guardan los secretos y yo, como guitarrista, quiero aprender cómo crean su sonido, qué hacen para que suene así. Y, claro, lo que aprendo una y otra vez es que la clave está en ellos mismos, que su vida y su realidad son la base de su arte. Son los mayores, se lo toman muy en serio y su música es genuina porque ellos también lo son.»

Empezó a toar la guitarra a los tres años. Concibe la música como instrumento de unión y de lucha contra la injusticia y a favor de la paz, en una entrevista dijo:

«Pete Seeger solía decir que si reúnes a un grupo de personas de distinta procedencia, edad e ideas, y las haces cantar juntas, todas esas diferencias desaparecen de inmediato. Lo he visto hacerlo y es cierto. La música tiene ese poder.”

Banda sonora de la película “Paris, Texas” compuesta por Ry Cooder. Slide puro.

el slide en” The prodigal son” grabada en directo en estudio.

Otro gran guitarrista que utilizó y le sacó mucho sonido a la técnica slide fue George Harrison tanto a finales de la banda The Beatles como durante su carrera solista; donde lo perfeccionó y se convirtió según Eric Clapton y Jeff Lynne en el mejor guitarra slide de todos los tiempos.

Albert·Poesía

ESTOS DIAS AZULES Y ESTE SOL DE LA INFANCIA: ANTONIO MACHADO

Una tarde de febrero de hace unos años estuve por primera vez en Colliure. Hacía frío y un viento fuerte, habitual en aquellas tierras en invierno. Todo lo recuerdo en nebulosa, Colliure no es muy grande aunque si es muy especial por su situación con respecto al mar y a las montañas de alrededor. El cementerio está en medio del pueblo. En febrero cae temprano la noche y todo el mundo estaba en casa a resguardo del frío y del viento. La puerta del cementerio se podía abrir.

Era imposible no encontrar la tumba del poeta. Estaba en el suelo con una lápida encima y sobre la lápida había recuerdos, cartas, notas, flores secas y flores frescas y tierra, había tierra de su país que alguien le había traído como regalo de despedida muchos años después. Recuerdo que leer alguna de las notas que le habían dedicado, no significaba violar la intimidad de nadie. Eran palabras emotivas escritas por gente que no le había conocido en vida pero que le respetaba y le recordaba.
Antonio Machado era un poeta enorme, pero lo más entrañable, lo más emotivo, para mí fue el saber cómo habían sido los últimos días de su estancia en este mundo, casualmente en Cataluña que nunca fue su tierra. Sólo al final lo fue y para siempre. Lamentablemente hay infinidad de historias dolorosas de las que no sabemos nada, pero a mí me cuesta pensar en una historia más patética y triste que la que corresponde a los últimos días de Machado.

Su amigo Corpus Barga, que lo cuidó en los últimos días en la Pensíon Bougnol-Quintana, encontró en el bolsillo del gabán de Machado unos versos en un papelito que decían:
“Estos días azules y este sol de la infancia.”
Jacques Issorel, catedrático honorario de la Universidad de Perpignan Via Domitia, escribió sobre los últimos días de Machado en Catalunya y dijo sobre los versos del papelito: “Este verso sencillo dice más que un largo poema. Expresa el desgarro del poeta entre el ayer de la infancia sevillana y el terrible hoy del exilio. Todo parece reunido para recobrar la felicidad de los ‘días azules’ y gozar del calor del sol, pero esta felicidad inmediata (expresada por ‘Estos’, ‘este’) queda bruscamente truncada por la palabra “infancia” y por el punto final.

Antonio Machado llegó a Barcelona en abril de 1938, primera etapa de su camino hacia  el inevitable exilio. En enero de 1939 después de diferentes etapas por tierras catalanas: Raset, Viladasens, Portbou finalmente atravesaron la frontera francesa el 26 de enero exhaustos, agotados y desmoralizados. Antonio tenía 63 años y una salud muy deteriorada, su madre, Ana Ruiz de 84 le acompañaba. Estaban en Francia pero la primera noche tuvieron que dormir en un vagón de tren abandonado en la estación de Cerbere. En la ambulancia que los llevó quedó atrás la maleta de Machado con sus últimos originales. Se quedaron con una manta.





Esta foto, que es probablemente la última de Antonio Machado (sentado con bastón), se hizo en la masía de Can Santamaria, en Cervià de Ter, poco antes de partir hacia el exilio

El 29 de Enero, Antonio, su hermano José y su madre llegaron a Collioure instalándose en su último refugio, la Pensión Bougnol- Quintana. Allí falleció el 22 de febrero y su madre tres días después.

Machado fue inhumado provisionalmente en un panteón prestado por Marie Deboher, amiga de la señora Quintana. Por su parte, la madre del poeta fue enterrada en una fosa municipal del cementerio de Collioure. Pero un día la familia necesitó usar el panteón. El Comité de Antonio Machado, del que Jacques Baills era tesorero, decidió entonces lanzar una suscripción a fin de que se construyera una tumba para el poeta y su madre. Era el año 1945.

Josep Maria Corredor, que era muy amigo de Pau Casals, le comentó el tema al músico, que quiso correr con todos los gastos personalmente, pero al final se prefirió una suscripción popular. El poeta y el músico jamás se conocieron en persona, pero el catalán admiraba al creador de «Campos de Castilla».



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Milicianos de la Segunda Brigada de Caballería “Andalucía” llevando el féretro de Don Antonio hacia el cementerio de Colliure

Al final, las tumbas se construyeron con las aportaciones de Casals, André Malraux, René Clair y Albert Camus, entre otros. También un grupo de estudiantes de español de la Sorbona envió 38.000 francos de la época. Por su parte, el Ayuntamiento de Collioure regaló el terreno. Finalmente, el traslado de los restos mortales de Machado y su madre se produjo el 16 de julio de 1958. Casals quiso tocar el violonchelo en honor al poeta ante su tumba el mismo día de su segunda inhumación, pero la familia quiso algo más íntimo. Al final, el músico regresó a las pocas semanas y tocó en la soledad del cementerio «El cant dels ocells».

Su pensamiento republicano y liberal queda reflejado en este fragmento de su propia voz:

“Enseñad al que no sabe; despertad al dormido; llamad a la puerta de todos los corazones, de todas las conciencias. Y como tampoco es el hombre para la cultura, sino la cultura para el hombre, para todos los hombres, para cada hombre, de ningún modo un fardo ingente para levantado en vilo por todos los hombres, de tal suerte que sólo el peso de la cultura pueda repartirse entre todos, si mañana un vendaval de cinismo, de elementalidad humana, sacude el árbol de la cultura y se lleva algo más que sus hojas secas, no os asustéis. Los árboles demasiado espesos, necesitan perder algunas de sus ramas, en beneficio de sus frutos. Y a falta de una poda sabia y consciente, pudiera ser bueno el huracán”

(Fragmento del discurso pronunciado en Valencia en la sesión de clausura del Congreso Internacional de Escritores. Agosto 1937)

Pensión Bougnol-Quintana ultima etapa

Y dos poemas suyos: El primero de muerte y el segundo de vida:

“El crimen fue en Granada”
I
El crimen

Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico.
-sangre en la frente y plomo en las entrañas-.
…Que fue en Granada el crimen
sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada…

II
El poeta y la muerte

Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque – yunque y yunque de las fraguas.
Hablaba Federico,
requebrando a la muerte. Ella escuchaba.
“Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el golpe de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”
III
Se le vio caminar..

Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

“Otras canciones a Guiomar”

¡Sólo tu figura,
como una centella blanca,
en mi noche oscura!

*
¡Y en la tersa arena,
cerca de la mar,
tu carne rosa y morena,
súbitamente, Guiomar!

*
En el gris del muro,
cárcel y aposento,
y en un paisaje futuro
con sólo tu voz y el viento;
*
en el nácar frío
de tu zarcillo en mi boca,
Guiomar, y en el calofrío
de una amanecida loca;
*
asomada al malecón
que bate la mar de un sueño,
y bajo el arco del ceño
de mi vigilia, a traición,
¡siempre tú!
Guiomar, Guiomar,
mírame en ti castigado:
reo de haberte creado,
ya no te puedo olvidar.

Collioure

Albert·cine y literatura·Música

CINE Y LITERATURA: “EL ÚLTIMO DE LOS MOHICANOS”

James Fenimore Cooper, nació en New Jersey el 15 de setiembre de 1789. Fue novelista, escribió libros de viajes y fue crítico social. Llegó a publicar treinta y cuatro novelas de aventuras, ambientadas en los pioneros del Nuevo Mundo y en sus enfrentamientos con los indígenas, los conocidos como “pieles rojas”. Las más destacadas fueron “La pradera”, “El trampero”, “El cazador de gamos”, “Los pioneros” y por encima de todas ellas, la que traemos hoy aquí y que fue llevada al cine en varias ocasiones “El último de los mohicanos”.
Los mohicanos se extinguieron ante los avances “o ante lo que podría llamarse la irrupción de la civilización… De todas las tribus nombradas en estas páginas sólo perduran algunos individuos medio civilizados de los oneidas, en las reservas de su gente en Nueva York. El resto ha desaparecido”. Estas palabras entrecomilladas pertenecen a la más bella obra de aventuras (El último mohicano) de Cooper.


Daguerrotipo (ca. 1850) por Mathew Brady (1822-1896) de James Fenimore Cooper (1789-1851), autor de la novela El último mohicano (1826), Rijksmuseum, Ámsterdam.

Para comentar la obra literaria, transcribimos un fragmento del artículo que Joaquin Estefanía le dedicó en el periódico “El País” el 2 de mayo de 2004:

La primera cuestión, como tantas veces en la sociedad moderna, es saber si esta historia de amor, de la naturaleza considerada como riesgo, de viajes, traiciones y lealtades ha sido más conocida por la lectura del texto de Cooper o por la película de Michael Mann, estrenada en 1992 (con Daniel Day-Lewis de protagonista, como Ojo de Halcón). Y a continuación, cuál de las dos herramientas de comunicación es superior. Leída hoy la novela y vista hoy la película no cabe duda de la supremacía de la primera, a pesar de la dignidad de la última (que utiliza la esencia del argumento, no su literalidad). El último mohicano es literatura de la grande. Es difícilmente comprensible para el lector de ahora la polémica de antaño sobre la calidad de Fenimore Cooper . Éste debe su fama a los relatos de aventuras ambientadas en las luchas entre los indios y los pioneros norteamericanos, de los que El último mohicano no es sino el ejemplo más notable. El espía, Los pioneros, El tramposo, El cazador de gamos son otros ejemplos de este hermosísimo género de aventuras que precede a las historias del Far West y se compara en igualdad de condiciones con las de piratas, espadachines, bandidos, etcétera. Alabado por autores como Joseph Conrad, D. H. Lawrence o Herman Melville, se encontró con la enemiga de Mark Twain, que trató de ridiculizarlo. Es difícil compartir el juicio del gran Twain leyendo El último mohicano. Cooper resulta antipático si uno se refiere a su ideología conservadora, esnobista y antidemócrata, pero en cuanto a sus novelas y relatos hay que recordar (para equilibrar la mala impresión de los que siempre creerían a Twain en materia literaria) que cuando Frank Schubert moría, pedía que le trajeran más libros de Cooper.
Primero Cooper y otros grandes, como Jack London, y en tono menor, autores como Zane Grey, Karl May o Stephen Crane recuperan las andanzas de tramperos, descubridores de oro, trineos conducidos por perros, ovejeros o vaqueros, pioneros en ocupar las tierras del Oeste… en un tiempo en que ya han dejado de existir para volverse leyenda. Novelas que entusiasmaban a los lectores de la novela de barba larga, que eran nostálgicos de otros tiempos que no volverían.
El último mohicano está ambientada en el territorio de los Grandes Lagos. La trama se desarrolla en 1757 y es el viaje entre dos fortalezas del bosque, los fuertes Edward y William Henry (en honor de los dos príncipes favoritos de la familia reinante en Inglaterra). Es una novela de personajes: el último mohicano, Uncas, y su padre, el guerrero Chingachgook; Hawkeye (denominado Ojo de Halcón por su proverbial puntería); Alicia y Cora, las dos bellas hijas del comandante inglés; el traidor hurón Maquas, todos ellos inolvidables. Y la naturaleza, tratada como un personaje más; como dijo el propio Cooper, una de las características peculiares de las guerras coloniales en Norteamérica fue la necesidad de afrontar las fatigas y los peligros de la naturaleza antes de presentar batalla al enemigo. Bosques inmensos, impenetrables en apariencia, separaban las posesiones hostiles de Francia e Inglaterra.
El último mohicano inaugura la tradición de la novela de aventuras en el Oeste americano. Su extraordinaria literatura sigue hoy vigente. Y también el mito del último indio. Cooper lo describe en uno de los últimos párrafos de su libro: “Muchos años transcurrieron hasta que el triste relato de la joven blanca y el joven guerrero mohicano dejó de amenizar las largas noches y las tediosas marchas, o de animar a los guerreros jóvenes con el deseo de venganza”. ¡Qué melancolía!”



Mapa de Nueva Jersey, Pensilvania, Nueva York y Nueva Inglaterra con las regiones adyacentes (1747), Emanuel Bowen (1694-1767), Wikimedia Commons. Estas regiones fueron el epicentro de la mayoría de los combates de la guerra en 1756 y 1757 en los que se ambienta la novela El último mohicano.
Portada de un libro antiguo

Hollywood, escogió el tema de Cooper en cinco ocasiones: tres versiones mudas (1912, 1929 y 1932) y dos sonoras (1936 y 1992)

Una versión en cine mudo


versión de 1936

Nos vamos a referir a la última versión, la de Michael Mann. Es un film de aventuras muy bueno, en sí mismo, estupendas interpretaciones de todos los actores y actrices, filmada en espacios naturales auténticos y con una música de Trevor Jones extraordinaria, no obstante esta versión, al contrario que las anteriores no respeta demasiado literalmente la obra de Cooper aunque si la esencia y algunos de los temas principales como la tristeza por la extinción de las razas nativas, el inevitable triunfo de la civilización en su enfrentamiento con lo natural pero también lo rápidamente que surge lo salvaje en los resquicios que la civilización le otorga en su avance imparable.

 “El último mohicano” se mantiene como una de las novelas universalmente más conocidas y leídas, influyendo en la manera como la cultura popular ha captado tanto a los “pieles rojas” de la Costa Este y Cánada, nada que ver con los indios de las Grandes Praderas, como a la historia de los inicios de los Estados Unidos como nación. La imagen idealizada del Frontiersman, fuerte, audaz y siempre ingenioso (como el protagonista Natty Bumppo llamado por los indios “Ojo de Halcón”), así como el noble “piel roja”, estoico y sabio (como Chingachgook) deriva de la caracterización de Cooper más que de ninguna otra fuente.

La historia de Cooper ha sido llevada a todos los terrenos mediáticos, teatro, cine, comic, televisión, radio e incluso una ópera. Se trata de un tema universal.

En 1990 el cantante y compositor escocés Dougie MacLean compuso la canción “The Gael”. Trevor Jones la utilizó como base y columna vertebral de la banda sonora de “El último mohicano” creando una de las mejores músicas de cine de los últimos años del siglo XX.

Son dos versiones de la música de “The Gael” de MacLean la primera interpretada por un grupo pequeño en escenario y la segunda por una enorme banda militar en un espacio al aire libre.

Esta es la versión basada en “The Gael” que compusieron Trevor Jones y Randy Edelman para la película de 1992.

Albert·Música

SONG TO THE MOON

Rusalka, ” mujer encantada” en  ruso. Es el nombre de la única ópera compuesta  por Anton Dvorák. Data de 1901 y està inspirada en el cuento “La sirenita” de Hans Christian Andersen.

En el Acto I se encuentra una hermosa canción cuyo nombre en checo es Mesicku na nebi hlubokem. Su traducción sería “Canción a la luna”.

La letra dice así:

Luna, que con tu luz iluminas todo
desde las profundidades del cielo
y vagas por la superficie de la tierra
bañando con tu mirada el hogar de los hombres.
¡Luna, detente un momento
y dime dónde se encuentra mi amor!
Dile, luna plateada,
que es mi brazo quien lo estrecha,
para que se acuerde de mí
al menos un instante.
¡Búscalo por el vasto mundo
y dile, dile que lo espero aquí!
Y si soy yo con quien su alma sueña
que este pensamiento lo despierte.
¡Luna, no te vayas, no te vayas!

La soprano rusa Anna Netrebko la interpreta en este video

Albert·comic·Ilustración

ALEX RAYMOND, EL MAESTRO DEL COMIC CLÁSICO

Alexander Gillespie Raymond nació en New Rochelle, New York en 1909 en el seno de una familia acomodada. Muy pronto se decantó por desarrollar su vocación de dibujante. Con 22 años ya colaboraba anónimamente con “Blondie” un famoso comic de Chic Young presente en todo el mundo durante décadas editado por la King Features Syndicate .

Fue la misma editorial que encargó a Raymond la creación de una serie de ciencia ficción que alcanzó un éxito enorme entre los aficionados durante muchos años: “Flash Gordon”. Un héroe galáctico que no fue superado hasta la aparición de la saga de “Star Wars”.

En aquellos años y hasta la entrada de los Estados Unidos en la guerra (Raymond se enroló en la Navy y dejó de dibujar durante la contienda) se forjó una aureola de gran autor dibujando además de Flash Gordon dos sagas más de primera categoría: “Jungle Jim” y “Secret Agent X-9” . La primera de aventuras en la selva y la segunda de temas policiacos con un guionista de lujo: Dashiell Hammet. 

Jungle Jim

Al terminar la guerra, Raymond se incorporó al King Features Syndicate con una nueva serie policiaca de gran calidad y enorme éxito: “Rip Kirby”, que se prolongó hasta su muerte en accidente en 1956. Con estas cuatro series durante los 23 años que trabajó dibujando para la K.F.S., Raymond consiguió mediante un dibujo realista y clásico, ser considerado como uno de los mejores y más innovadores dibujantes de todos los tiempos.

Con ligeros toques y pocos trazos conseguía recrear un ambiente y una atmósfera adecuados para la historia que dibujaba. Su estilo, más de ilustración que de comic, creo escuela influenciando a numerosos artistas posteriores, algunos continuadores directos de su obra, como John Prentice , Austin Briggs y Al Williamson pero también grandes autores posteriores como Frank Frazzetta, Kurt Caesar o Dan Barry.

En realidad el estilo de Raymond evolucionó mucho a lo largo de los 23 años en que estuvo dibujando, primero como un ilustrador para revistas y carteles, poco a poco dejó a un lado la descripción rígida y explícita para adoptar un dibujo más implícito e insinuado.  Al volver de la guerra y con “Rip Kirby” adoptó un trazo más nítido y sólido, le bastaba un solo objeto para recrear un ambiente. Con “Rip Kirby” su estilo quedó fijado como el de un realismo basado en la utilización impecable del blanco y negro que recuerda el expresionismo.  

Albert·cine y literatura

CINE Y LITERATURA: “IL GATTOPARDO”

En 1958 la editorial Feltrinelli publicó una novela escrita por el aristócrata siciliano Giuseppe Tomasi di Lampedusa llamada “Il gattopardo”. El autor había fallecido un año antes por lo que no pudo ver publicada su novela que, en realidad, fue la única novela que escribió en la última etapa de su vida y que se convertiría en una obra fundamental de la literatura europea del siglo XX.  

Giuseppe Tomasi di Lampedusa

La novela de Lampedusa explica el declive vital de uno de los protagonistas, aristócrata al igual que el autor: Don Fabrizio, príncipe de Salina, y la decadencia social de una clase: la nobleza feudal siciliana en la época de los Borbones y los hechos sucedían en las últimas décadas del siglo XIX y la primera del XX.

El autor se posiciona frente a la clase social a la que pertenecía su propia familia, con un cierto cariño aunque también criticando sus defectos: su orgullo, su indolencia y su falta de interés en las revoluciones sociales de su tiempo. No obstante deja muy claro que le disgustan aún más las formas de la burguesía emergente y que al final será la clase social que sustituirá a la aristocracia dominante. Lampedusa pone en boca de don Fabrizio una metáfora que ilustra de maravilla este proceso de sustitución: “Nosotros fuimos los leopardos, los leones, quienes nos sucedan serán chacales y hienas y todos, leones, chacales y ovejas, continuaremos creyéndonos la sal de la tierra”.

 La novela no estuvo exenta de polémicas en el momento de publicarse. De hecho, Tomasi di Lampedusa fue acusado de reaccionario por mostrar como arribistas deshonestos a los políticos que habían apoyado la unificación de todos los territorios que se constituirían en la Italia actual, lo cual fue tomado como una grave ofensa por la historiografía oficial italiana. Sectores conservadores y de derechas condenaron la obra por presentar a las clases sicilianas dominantes: aristócratas y burgueses como interesadas únicamente en mantener los primeros y obtener los segundos los máximos privilegios sociales a los que creían tener derecho. Lampedusa no escapó a la crítica de la intelectualidad de la izquierda ya que en la obra se mostraba un campesinado siciliano excesivamente sumiso a la tradición y poco favorable a entrar en la modernidad que se acercaba inexorable.

Luchino Visconti

Solo cinco años después de su publicación, en 1963, Luchino Visconti, aristócrata también como Lampedusa, descendiente de una de las más nobles y antiguas familias milanesas, decidió llevar al cine “Il gattopardo”.
Visconti era noble pero también progresista y de izquierdas, toda una contradicción. Extremadamente culto y sensible, Visconti gozaba de gran prestigio como director de ópera, teatro y de cine y había llevado a la pantalla películas de éxito, algunas basadas en obras de literatura como “Obsesión” de un thriller de James M. Cain o “Las noches blancas” de una obra de Dostoievski. Con posterioridad adaptaría también a Camus en “El extranjero” y a Thomas Mann en “Muerte en Venecia” entre otras.

La película “Il gattopardo” es un espectáculo esteticista, un deleite fascinante para la vista y el oído, pero también, siguiendo el argumento de la novela en que está basada, explica una revolución, la que fue traicionada por los liberales, quienes buscaban tan solo un cambio de personas en el poder sin reforma social. Como dice Tancredi Falconieri, el sobrino del príncipe, un arribista que cambia de chaqueta abrazando la causa de Garibaldi “Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”


Burt Lancaster compone magistralmente el personaje del príncipe, Alain Delon, “el bello tenebroso” de “A pleno sol” le da la réplica como Tancredi y  Claudia Cardinale como Angélica, la hija del burgués emergente, son los tres protagonistas principales.

Castillo siciliano de Donnafugata utilizado por Visconti en algunas escenas de la película

A destacar la espléndida música de la película compuesta por Nino Rota de la que podemos ver y oír una muestra en la famosa escena del vals con el príncipe de Salina (Lancaster) y Angélica (Cardinale)