Albert·Literatura

MAIGRET Y SIMENON

 

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George Simenon
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Comisario Maigret

 

 

 

 

 

 

 

A veces no es  fácil distingir al creador de su  personaje. Bond de Ian Fleming, Holmes de Conan Doyle o Maigret de Simenon. A mí me ocurre a menudo y concretamente en el último más que en ninguno. Maigret y Simenon se sobreponen en mi imaginación. Y es curioso porque hay varios actores que han interpretado a Maigret en el cine y en la televisión y actores sensiblemente diferentes aunque, como buenos actores, han captado la esencia del personaje literario y lo transmiten apreciablemente. Las imágenes de Simenon lo presentan a menudo con su pipa, su sombrero y su abrigo, al igual que Maigret. Su aspecto se confunde pero su biografía y forma de ser no es la misma.

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Primera novela donde aparece Maigret

 

Simenon fue uno de los más prolíficos, editados y traducidos escritores en lengua francesa. No era francés, había nacido en Lieja (Bélgica), en 1903, y tenía 86 años cuando falleció en su casa suiza. Simenon fue el padre del inolvidable Comisario Maigret, el cual aparece en 103 de sus obras, entre novelas y cuentos. Escribió 117 novelas más en las que no aparece su personaje. Su obra fue ampliamente divulgada en todo el mundo y constituye uno de los hitos de la literatura popular de todos los tiempos. Se trata de un autor que, a pesar de su extensa obra, mantiene una calidad destacable. Sus argumentos son simples, a pesar de tratarse de novelas de intriga, sus personajes están muy bien definidos y son consistentes, creíbles y humanos, con sus virtudes y sus defectos. .Por otra parte en su vida personal aparecen situaciones dudosas. Su esposa tuvo que ser internada en un hospital psiquiátrico y una de sus hijas se suicidó a los 25 años. Al terminar la Segunda Guerra Mundial fue señalado como colaboracionista de los alemanes hasta el punto que se instaló durante unos años en Canadá, Estados Unidos y por último en Suiza donde falleció en 1989 a los 86 años.

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A diferencia de su creador el comisario Maigret es una persona monolítica, de una sola pieza, cachazudo y tenaz,  profundamente humano, fiel a su esposa y muy comprensivo con los delincuentes que encuentra desarrollando su trabajo en la policía. El comisario Maigret pertenece a la policía judicial de París y muchas de las novelas donde aparece transcurren en los diferentes barrios parisinos, en cambio los argumentos donde no está Maigret están situados, generalmente, en pequeñas ciudades provincianas con sombríos personajes de apariencia normal y respetable pero en un ambiente de hipocresía y amoralidad. Al igual que Simenon, es un pertinaz fumador de pipa, le gusta la cerveza y el calvados es su licor preferido.

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El Maigret de Gino Cervi

 

Unos pocos números respecto a sus obras nos darán una visión más aproximada de la importancia de Simenon en la cultura popular del siglo XX:

-1.800 localizaciones

-Más de 9.000 personajes

-Más de 500 millones de libros vendidos

-Están traducidos a 55 lenguas en 44 países

-Más de 50 películas, sólo en Francia

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El Maigret de Jean Gabin

 

El mensaje de Simenon es complejo y ambiguo: ni culpables ni inocentes absolutos, sólo culpabilidades que se engendran y se destruyen en cadena. Las novelas del escritor sumergen al lector en un mundo rico de formas, colores, olores, ruidos, sabores y sensaciones táctiles; al que se entra desde las primeras palabras que aparecen en cada novela o cuento.

Considerado por muchos como uno de los grandes autores en lengua francesa del siglo XX, conoció también el rechazo de parte de la crítica, que acogió con frialdad su estilo directo y austero.

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El Maigret de Michael Gambon
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El Maigret de Bruno Cremer

 

 

 

 

 

 

 

 

TELEVISION    Rowan Atkinson en la serie de Filmin Maigret
El Maigret de Rowan Atkinson (Mr. Bean)

 

El comisario Maigret es un personaje llevado al cine y a la televisión en muchas ocasiones, por lo que hay multitud de actores que le han encarnado  a lo largo de ochenta años entre los que destacan Jean Gabin, Bruno Cremer, Gino Cervi, Michael Gambon y últimamente el más sorprendente de todos, Rowan Atkinson el inefable Mr. Bean con un notable cambio de registro que se puede apreciar en el siguiente tráiler.

 

 

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Albert

LAS SINSOMBRERO

La intransigencia o intolerancia no son exclusivas de una época determinada, son actitudes que siempre han existido en mayor o menor medida, ya Griffith, en 1916, en su obra cumbre “Intolerancia” lo mostraba en cuatro episodios diferentes de la historia: La noche de San Bartolomé con la matanza de los hugonotes en 1572, la Pasión y muerte de Cristo, una huelga de obreros de principios del siglo XX y la toma de Babilonia por los persas de Ciro el Grande.

Los motivos son variados, pueden ser razones étnicas, religiosas, sociales pero siempre se trata de un grupo determinado que es rechazado por una parte de la sociedad. Un motivo diferente de los mencionados y aparentemente menos trascendente es la intransigencia por el modo de vestir en público. Ya en el siglo XVIII, durante el reinado de Carlos III estalló en Madrid un motín popular llamado “el motin de Esquilache” ante la prohibición de vestirse con una prenda muy estimada como era la capa larga. En este caso más que intransigencia era desobediencia ante una ley muy impopular. Ya en épocas más recientes, en los años 60 la revolucionaria minifalda de Mary Quant provocó rechazo entre las gentes de carácter conservador o el mismo flequillo de los Beatles, en la misma época, no era una prenda de vestir pero se podía considerar como tal. Más recientemente en Europa el “hiyab”, el velo musulmán, genera rechazo.

 

Maruja Mallo, una artista e intelectual de principios del siglo XX, explica una anécdota interesante respecto a una intolerancia sobre el uso o desuso de una prenda de vestir. Un día paseando por la Puerta del Sol de Madrid, en compañía de tres intelectuales jóvenes que iban a ser importantes en un futuro inmediato, nada menos que Federico García Lorca, Salvador Dalí y la pintora Margarita Manso, decidieron que el arte y las ideas estaban siendo constreñidos por el uso de sombrero, por entonces habitual y obligado en hombres y mujeres por lo que, los cuatro se los quitaron. El resultado fue de absoluto rechazo por la mayoría de las personas con las que se cruzaban.

Cuenta Maruja Mallo que les insultaban e incluso les apedreaban. Esta anécdota dio origen, principalmente en Madrid, a un grupo intelectual y artístico formado básicamente por mujeres que tomaron el nombre de “Las sinsombrero” y que por las inquietudes culturales y por la edad estaban muy unidas a la “Generación del 27”, en su mayoría de género masculino.

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Las Sinsombrero en el Lyceum Club Femenino 

Este grupo de intelectuales femeninas, todas ellas nacidas alrededor de 1900, tuvo influencia en la vanguardia artística de las primeras décadas del siglo XX, influencia que terminó con el inicio de la Guerra Civil ya que durante el franquismo el papel de la mujer intelectual cambió radicalmente. El camino de libertad y reconocimiento social quedó truncado brutalmente. La mayoría de estas mujeres fueron forzadas a un largo exilio en América y en Europa, algunas permanecieron en España sufriendo represalias y en muchos casos el silencio intelectual que las llevó al ostracismo.

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De izq, a der. y de arriba a abajo: Marga Gil, Rosa Chacel, Josefina de la Torre, Ernestina de Champourcin, María Zambrano, Concha Méndez, María Teresa León y Maruja Mallo 

 

Pintoras como Maruja Mallo, Rosario de Velasco, Margarita Manso o Ángeles Santos; escritoras como María Teresa León, Concha Méndez, Josefina de la Torre, Rosa Chacel,  o Ernestina de Champourcin la filósofa María Zambrano y también la escultora, ilustradora y poeta Marga Gil Roësset, eran mujeres intelectuales de gran cultura y personalidad, se reunían en el Lyceum Club Femenino y fueron conocidas como “Las sinsombrero”. Ellas introdujeron, en un país poco favorable al reconocimiento femenino, un perfil coherente con su capacidad artística e intelectual. En generaciones anteriores se encontraban mujeres relevantes, como Clara Campoamor, Victoria Kent, María de Maeztu o Zenobia Camprubi, entre otras, pero por primera vez se trataba de un grupo homogéneo, compacto, un grupo de mujeres con personalidad, con un look moderno que luchaban juntas contra su destino consiguiendo un espacio que solo estaba al alcance de los hombres.

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María Teresa León entre Federico García Lorca y Rafael Alberti

 

 

 

 

Albert·Poesía

MANUEL ALTOLAGUIRRE (GENERACIÓN DEL 27)

En 1927, en el Ateneo de Sevilla se organizó un homenaje a Luis de Góngora para conmemorar el tercer centenario de su muerte. Una grupo de poetas españoles se agruparon para la ocasión tomando el nombre de ·”Generación del 27”. Se trata de un grupo heterogéneo de poetas significados nacidos todos alrededor del principio de siglo. Entre los más mayores destacan: Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego o Federico García Lorca, entre otros, todos nacidos antes de terminar el siglo XIX y los más jóvenes, nacidos después de iniciarse el siglo XX, como Luis, Cernuda, Rafael Alberti. María Teresa León hasta llegar al más joven de todos: Miguel Hernández nacido en 1910. Entre estos se encontraba un poeta malagueño nacido en 1905 de nombre Manuel Altolaguirre Bolín.

Altolaguirre es considerado por algunos críticos como un poeta menor, lo cual es cierto ante la gigantesca estatura de un Salinas o un García Lorca, no obstante Altolaguirre destacó, además de como poeta, como editor. Fue uno de los fundadores de la famosa revista “Litoral” que sirvió como altavoz de su generación. Jorge Guillén, Pedro Salinas, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Gerardo Diego, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Emilio Prados, entre otros encontraron en sus páginas un lugar para publicar y divulgar su obra poética.

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Manuel Altolaguirre no tuvo la popularidad y también hay que decirlo, la calidad de un Salinas o García Lorca, pero por contra, sus intereses eran más variados y acorde con la modernidad del momento. Fue guionista, director y productor de cine. Falleció prematuramente a los 54 años en un accidente de automóvil.
Su producción poética no es demasiado extensa y un tanto irregular pero es cálida y romántica influenciada directamente por Salinas y Juan Ramón. Como para la mayoría de los integrantes de su generación los clásicos también tuvieron importancia en su obra, principalmente Góngora. En su obra predominan los versos cortos y las estrofas de raíz tradicional. Instalado un tiempo en Londres donde editó libros y la revista literaria bilingüe “1616”, año de la muerte de Shakespeare y de Cervantes. Cuando estalló la Guerra Civil se exilió a Francia, después a Cuba y finalmente se instaló en México donde fundó la Editorial Isla en la que publicaría autores clásicos y

contemporáneos.

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Entre sus obras como poeta y escritor destacan, entre otras, las antologías de poemas “Las islas invitadas”, “Nube temporal” y “Fin de un amor”. También escribió algún guion para el cine que dirigió Buñuel, una obra de teatro y tradujo a Pushkin y a Shelley. A su muerte inesperada dejó inconclusa la novela “El caballo griego” que se publicó parcialmente en 1958.

Manuel Altolaguirre podría considerarse un poeta menor, pero su actividad, como poeta y sobretodo como editor tuvo relevancia para sus compañeros de generación.

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Como muestra de su estilo poético dejo dos de sus poemas románticos. Me recuerdan a Salinas, un poco más conciso pero, para mí, resiste la comparación.

LAS CARICIAS

¡Qué música del tacto
las caricias contigo!
¡Qué acordes tan profundos!
¡Qué escalas de ternuras,
de durezas, de goces!
Nuestro amor silencioso
y oscuro nos eleva
a las eternas noches
que separan altísimas
los astros más distantes.
¡Qué música del tacto
las caricias contigo!

 

TU SOLEDAD TE DEFIENDE…

Tu soledad te defiende,
te limitan tus miradas,
que yo sé que tu alma llega
adonde tu vista alcanza,
adonde llegan tus sueños,
adonde tu amor acaba.
Este viento no es el viento,
es tu soledad alterada,
es tu aire que revuela,
es que alborota tu gracia.
Son tus ojos que acarician
transparencias y esperanzas,
agua de lagos y ríos,
verdores de esbeltas ramas.
Es tu soledad valiente,
defensora de tu alma.

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Pablo Neruda en el centro con algunos miembros de la Generación del 27: de izquierda a derecha, José Bergamin, Rafael Alberti,  Neruda, Luis Cernuda y Manuel Altolaguirre

 

 

Albert·Música

EL POETA MALDITO DEL JAZZ: CHET BAKER

El  23 de diciembre de 1929, nacía en Yale (Oklahoma) un mito del jazz: Chesney Henry Baker Jr. Conocido por el nombre artístico de Chet Baker.

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La música de Baker es profundamente triste y seductora. El  trompetista y vocalista, uno de los  más geniales y al mismo tiempo atractivos de la historia, tenía un don,transmitía emociones intenses a través del viento que pasaba por su trompeta como un último aliento, oirlo y verlo en directo era una experiència inolvidable para el que hubiera tenido la suerte de presenciarlo. Su vida, en cambio, fue un desastre. Todo el talento que tenía como músico, toda esta capacidad singular, chocaban con una personalidad autodestructiva asfixiada por las adicciones. Como tantos genios del jazz, como Charlie Parker o Bill Evans, con los que compartió su música genial, se hundió con las drogas hasta el último escalón.

 

Chet cantaba y tocaba la trompeta al estilo del jazz de la Costa Oeste de los años cincuenta y con el tiempo recibiría la influencia de otro trompetista legendario: Miles Davis. Pero Chet, muy joven, antes de formar su grupo, ya había formado parte de dos conjuntos míticos. En el verano del 52 tocó con el grupo de Charlie Parker en el Tiffany Club de Los Ángeles y ese mismo verano le llamó Gerry Mulligan para una serie de actuaciones en el histórico club de jazz The Haig, en Hollywood, y grabaciones con el sello Pacific Jazz Records. Un año más tarde, ya con su grupo y empezó a alternar la trompeta con la voz.

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En esa época empezaron sus problemas con la droga, por los que ingresó varias veces a prisión en algunos países europeos y también sufrió una agresión brutal, de regreso a su país, probablemente por parte de algunos traficantes, paliza que le llevó al borde de la muerte y como consecuencia de la cual tuvo desperfectos en su dentadura que le obligaron a modificar la embocadura de sus instrumentos hasta el final.
La droga iba deteriorando sus facultades físicas pero no así su creatividad musical. Hasta su última actuación, Chet Baker hipnotizó a sus audiencias con su manera de tocar y cantar, única e irrepetible, lánguida, como abstraida, angel y demonio al mismo tiempo, que funcionaba especialmente bien cuando interpretaba baladas en las que era un auténtico maestro ya fuera soplando la trompeta o cantando con esa peculiar manera que, apenas musitando las palabras, parecía que la melodía se perdiera entre el humo de la audiencia que escuchaba extasiada.

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La madrugada del 13 de mayo de 1988, Chet Baker moría al precipitarse desde la ventana del tercer piso de un hotel holandés. Nadie pudo encontrar una explicación inequívoca. Pudo ser un suicidio, un accidente o un homicidio. En la habitación sólo se encontró la trompeta, cigarrillos, un reloj y unas monedas, era todo su bagaje material. Aquella noche, Chet Baker, el poeta maldito del jazz, descansó por fin a los 59 años de edad.

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Video de la grabación en Tokio, en 1987, del clásico “My Funny Valentine” del musical de Broadway “Babes in arms” y también de “Pal Joey” con más de 600 versiones de todo tipo de artistas. Una de las más importantes, la de Chet Baker. Si bien en esta grabación, Baker ya estaba en el ocaso de su carrera un año antes de su muerte todavía  se puede apreciar, además de su maestría con el instrumento su personal modo de cantar.

Y un standard del jazz, “So What”,  compuesto por Miles Davis que grabó en 1959 en el histórico “Kind of Blues”, para muchos críticos el disco más importante de jazz modal de todos los tiempos. Esta es la versión de un joven Chet Baker acompañado por músicos franceses:  René Urtreger al piano, Jacques Pelzer al saxo y Luigi Trussardi al bajo.

Y por último un Baker en plena forma graba en el 64 en Bélgica “Time after time” el standard compuesto por Jule Styne en el 47.

Albert·cuento

UN CUENTO DE VELAS Y CABALLEROS TEMPLARIOS

Habitualmente la tienda cerraba a las ocho de la noche, pero aquella tarde de noviembre, eran las diez y todavía permanecía abierta. El pasaje Pellicer era un lugar poco transitado a cualquier hora, pero en una noche como esa, fría y desapacible, estaba  desierto. Desde el exterior se podía ver al fondo de la tienda y sentado frente a una pequeña mesa de escritorio a Santiago Molner escribiendo con una pluma que mojaba en un tintero de baquelita. Se iluminaba con dos grandes velas azules situadas en los extremos de la mesa. El resto de la tienda estaba a oscuras pero, con luz, se habría podido ver que todo lo que en aquel lugar había eran velas. Cirios de todos los colores y tamaños, algunos encajados en candelabros delirantes, otros sueltos. Unos usados, otros por estrenar. La amalgama era impresionante pero no había sensación de caos, las velas parecían estar dispuestas en un orden cósmico, tenían un ritmo interno que hacía del  lugar, tanto de noche como de día, un espacio mágico.

Dos minutos después de las diez, por  el extremo del pasaje que daba a la calle Muntaner, una figura juvenil se acercaba a la tienda de Molner con paso enérgico. Llevaba un abrigo trescuartos de color oscuro que no permitía ver más que unos pantalones de hombre, pero los zapatos de tacón vertiginosos que calzaba y la melena rubia que se desbordaba sobre el cuello del abrigo permitían distinguir que se trataba de una mujer. En su mano derecha llevaba una bolsa de papel grueso de las que se utilizaban en los comercios  de ropa.

Cuando la joven llegó a la puerta de la tienda de las velas se detuvo y miró hacia el interior. Al ver a Santiago escribiendo, llamó con los nudillos en el cristal después de asegurarse, mirando a ambos lados, que no había nadie en la calle que pudiera verla entrar allí. Santiago levantó la mirada, dejó la pluma sobre la mesa, dobló el papel que estaba escribiendo, lo guardó en uno de los cajones y cerró con llave antes de levantarse para ir a abrir. ­

-Pase, la estaba esperando- le dijo haciéndose a un lado para dejarla pasar.

La joven no dijo nada, entró en la tienda y tras quitarse el abrigo, que dejó apoyado indolentemente en el respaldo de una silla, se sentó ante el escritorio de Santiago Molner. Este se sentó a su vez y mirando a los ojos a la mujer le dijo en voz baja, como si estuvieran en una iglesia:

-¿La trae?

La joven no respondió a la pregunta de Molner, sólo hizo una señal afirmativa con el movimiento de sus pestañas. El anciano cogió un libro muy antiguo que descansaba sobre su mesa y lo abrió señalando un grabado que ocupaba toda la primera página.

Martyr Molay

La noche del 18 de marzo de 1314, soldados franceses siguiendo órdenes directas del rey Felipe IV, llamado “el Hermoso” con el beneplácito del Papa de Roma, Clemente V, dispusieron una pira en la Ile de la Cité, cerca de la catedral de Notre Dame en París. Grandes haces de brezo seco untados con brea y aceite se apilaban al pie de un poste de madera de pino. En el enorme madero se veían unos grilletes negros donde apretaron los pies, las manos y el cuello de Jacques de Molay, último de los Grandes Maestres de la Orden del Temple. Cuando prendieron fuego a la pira, Molay soportó su martirio con entereza, no sin antes lanzar una maldición al rey y al Papa, como instigadores de su tortura y muerte, maldición que se vio cumplida punto por punto. Tenía setenta años.

La noche anterior, la del 17 de marzo, Jacques de Molay, sabedor de que la sentencia se iba a cumplir al día siguiente, pidió y obtuvo autorización para velar y ayunar en el Cuarto de las Reflexiones de la Torre del Temple, lugar donde había permanecido prisionero durante los últimos siete años. Estuvo orando toda la noche con la única iluminación de dos grandes velas blancas. Decía la leyenda que los cirios que le habían acompañado en sus últimas horas no se consumieron permaneciendo en su tamaño original. Después de que se cumpliera la sentencia, una de ellas, la que estaba más cerca de su mano derecha extendida toda la noche, fue entregada al Papa Clemente, al tiempo que le informaban de la maldición que el Gran Maestre lanzó, sobre él, antes de morir. Su rastro se perdió entre los inmensos tesoros del Vaticano. La vela que iluminaba el lado izquierdo de Jacques de Molay quedó en poder de la monarquía francesa y por orden expresa del rey estuvo expuesta en la capilla del castillo de Saumur sin ser jamás encendida. Su rastro desapareció en 1789. Y esta vela, la del lado izquierdo del Maestre Templario, es la que Santiago Molner estaba a punto de obtener de manos de su hermosa visitante en esa noche fría del mes de Noviembre.

 

La mujer se entretuvo unos segundos mirando el grabado que le ofrecía el anciano y, sin el menor comentario, de la bolsa de papel que llevaba extrajo un estuche largo de madera oscura, por el color parecía de caoba. Lo dejó sobre la mesa lentamente, daba la impresión de que sus manos tenían vida propia y no querían separarse de aquel objeto.

De la garganta de Santiago Molner surgió un sonido, parecía un suspiro aunque también podría ser un gemido. Alargó las manos hacia el estuche y su cabeza se inclinó como si hiciera una reverencia. Sin abrirlo lo estrechó contra su pecho tal como haría con  una criatura.

Estuvieron hablando en voz baja durante largo rato. La mujer sabía los intrincados caminos que había seguido aquella reliquia hasta llegar hasta allí. Le contó que después de los sucesos violentos ocurridos en Francia en 1789 alguien la ocultó en la cripta de la catedral de Chartres, donde permaneció hasta 1910 en que, para salvaguardarla de la guerra, la trasladaron a Cahors, a la iglesia de Saint Bathélemy. Durante la ocupación alemana de 1940 estuvo en paradero desconocido para evitar que cayera en manos de los nazis, y ya no reapareció hasta esta noche. La joven se negó a revelar el lugar donde había estado oculta los últimos setenta años. Finalmente se despidió y cogiendo su abrigo salió de la tienda a la oscuridad de la noche.

 

En los sótanos de su tienda, Santiago Molner se había hecho construir una cripta y la había decorado con toda clase de objetos que evocaban la iconografía del Temple. A la derecha de la puerta de entrada se alzaba imponente la figura de un guerrero cubierto con una cota de malla plateada, encima destacaba una túnica de lana blanca con una cruz roja en el pecho, capa blanca y yelmo cilíndrico. Un altar rústico en el centro de la estancia y una cruz de madera policromada colgada de la pared daban el tono religioso y místico necesario. La luz procedía de ocho enormes velas situadas en las paredes laterales como si fueran antorchas.

Santiago Molner bajó a la cripta llevando en los brazos el estuche de madera. Lo dejó sobre el altar y después de ponerse una túnica blanca muy similar a la que lucia el guerrero de la puerta abrió el estuche y sacó la vela. Era grande, de tosca factura y la cera tenía el tono gris que le había añadido el tiempo. Con movimientos lentos y reverenciales la introdujo en un candelabro de plata que estaba a la izquierda delante del altar. La encendió con una bengala y se puso de rodillas con los brazos en cruz. De la vela encendida se desprendía un humo amarillento y con olor a moho y humedad. Santiago Molner cerró los ojos y entró, sin poderlo evitar, en un ensueño.

El griterío de la muchedumbre le volvió a la realidad. No podía mover los brazos ni las piernas. El cuello le dolía. Podía ver las siluetas de las torres de Notre Dame cerca de donde se encontraba y el olor del humo que se desprendía de las antorchas embreadas llegó claramente a su olfato. Sin poderlo evitar, de su boca salieron claramente unas palabras:

 

           “Dieu sait qui a tort et a péché, et le malheur s’abattra bientôt sur ceux qui nous condamnent à tort. Dieu vengera notre mort. Seigneur sachez que, en vérité, tous ceux qui nous sont contraires par nous auront à souffrir” (*)

 

Los gritos de la gente cesaron de repente cuando las llamas se alzaban de la pira. El humo le impedía respirar y ver con claridad. Alzó los ojos al cielo y poco después perdió el conocimiento. Cuando el fuego prendió en su carne  todo terminó.

 

(*) “Dios sabe quién se equivoca y ha pecado y la desgracia se abatirá pronto sobre aquellos que nos han condenado sin razón. Dios vengará nuestra muerte. Señor, sabed que, en verdad, todos aquellos que nos son contrarios, por nosotros van a sufrir.”

 

Albert.

Acontecimientos históricos·Albert

55 AÑOS DEL MAGNICIDIO DE DALLAS

El asesinato del presidente Kennedy fue un hecho puntual que alteró el desarrollo de la sociedad, de la política y de la economía del mundo occidental.
Hace más de 55 años que ocurrió y todavía constituye uno de los misterios del siglo XX.
La Comisión Warren, nombrada para analizar los hechos y sacar a la luz la verdad de los hechos, terminó su informe diez meses más tarde llegando a la conclusión de que el magnicidio no había sido una conspiración y que lo había perpetrado un solo hombre: Lee Harvey Oswald.

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No obstante hay tantos puntos oscuros que cuesta creer que esa sea la verdad.
Al parecer Oswald efectuó tres disparos desde una ventana del sexto piso del edificio donde está el almacén de libros donde trabajaba. Pero hay muchas posibilidades de que hubiera habido un cuarto disparo, lo cual implica a un segundo tirador y por lo tanto la posibilidad de una conspiración cobraría cuerpo.

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De existir esa hipotética conspiración los elementos que podrían formar parte de ella no se conocen a ciencia cierta, todo son especulaciones. Y esas especulaciones se dirigen hacia el vicepresidente Johnson, hacia el senador Nixon, hacia la mafia cubana en connivencia con la CIA y otros organismos gubernamentales como el FBI y especialmente su director de entonces Hoover. Grupos económicos americanos también tuvieron su parte en las sospechas y algunas teorías más exóticas pretenden que la implicación del Estado de Israel era más que una posibilidad como consecuencia de las simpatías hacia los palestinos expresadas más de una vez por el presidente asesinado. La mafia también aparece como un serio candidato a estar presente en la hipotética conspiración.
Es evidente que tantas teorías y tan diversas aparecen como consecuencia del número considerable de elementos extraños en todo el proceso posterior al magnicidio. Si todo hubiera sido claro y transparente no habría posibilitado tantas alternativas.
La ausencia de miembros de la seguridad personal, el propio vehículo sin protección por la parte superior o un giro no planeado del convoy. La desaparición de datos relativos a la autopsia del cadáver así como las muertes extrañas de algunos de los testigos a lo largo de los años posteriores también da pie a la proliferación de teorías conspirativas.
Quizás el hecho más insólito de todos fue la extraña muerte del supuesto asesino Oswald. Un gangster sobradamente conocido pudo entrar impunemente en el momento del traslado de Oswald a la prisión del condado y matarle de un disparo en el pecho, escena filmada en directo y que se pudo ver en todo el mundo.

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Por su parte Oswald en los dos días que siguieron al magnicidio y antes de su muerte siempre negó haber participado en el asesinato y a su favor hay otro elemento interesante: Oswald era un pésimo tirador mientras estuvo en el ejército, con unas puntuaciones cercanas al mínimo exigido.
Estos elementos son las piezas clave que construyen uno de los misterios del siglo XX: el magnicidio del presidente Kennedy en la ciudad de Dallas (Texas). Quizás con el tiempo se pueda saber la verdad cuando se desclasifiquen documentos que actualmente la ley no permite que salgan a la luz.

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Un empresario de origen ucraniano, Abraham Zapruder, grabó la secuencia del asesinato con una cámara Bell and Howell de 8 mm.

 

Albert·Pintura

THE SINGING BUTLER

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Jack Vettriano

El 17 de noviembre de 1951, nacía en la localidad de Fife, en Escocia, Jack Hoggan, pintor más conocido como Jack Vettriano.

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Se trata de un pintor singular, su obra es claramente realista con especial gusto por el detalle inspirándose en el cine, a veces cine negro o cine romántico.

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La crítica no ha sido muy favorable a su estilo, alegan que es repetitivo, que no tiene alma y que está influenciado por el cine norteamericano.

 

 

También es acusado de utilizar imágenes femeninas eróticas demasiado explícitas e incorrectas para el mundillo artístico. No obstante el público lo valora mucho más y sus pinturas son apreciadas figurando en importantes colecciones privadas. Y no solo eso, las litografías sobre sus cuadros tienen un mercado extraordinario.

 

Una de las influencias de Vettriano es Edward Hopper. Los temas del pintor neoyorquino, cuya obra conocía el escocés, sirven de inspiración a Vettriano. Hopper pintaba con realismo escenas cotidianas y fue un maestro de la poesía en la pintura. Sus cuadros, con un estilo personal e inconfundible, expresan la soledad del individuo en la sociedad de su tiempo.

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Edward Hopper
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Edward Hopper

 

Al contrario que Vettriano, Hopper consiguió el aprecio de la crítica y del público siendo una referencia para los pintores americanos de su tiempo.

 

 

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Vettriano al estilo de Hopper

 

Volviendo a Vettriano, su cuadro más famoso, el llamado “The Singing Butler” (El mayordomo cantante) presenta un cierto aire surrealista con cuatro personajes en acción en una playa mojada y con una luz ciertamente destacable. Es un cuadro fascinante por su colorido y por los personajes insólitos que aparecen en un escenario imposible

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El grupo Blaumut compuso una canción claramente inspirada en las obras emblemáticas de Vettriano.

 

 

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Albert·cuento

UN CUENTO DE NEW YORK

“QUEENSBORO BRIDGE”

Andy y Carmen acostumbraban a salir a pasear cada noche acompañados de “Tucker” su dachshund paticorto de color canela. Caminaban, cogidos de la mano,  a lo largo del muelle del Hudson a la vista del puente y hablaban de esto y aquello, temas banales y pecados veniales. Andy comentaba historias del parking donde trabajaba de vigilante diurno, en Wall Street y Carmen respondía con las aventuras de los pacientes en el Bellevue Hospital donde ejercía de enfermera cualificada. Nada importante pero si necesario.

Andy y Carmen eran hispanos en Nueva York. Hispanos de tercera generación, se consideraban norteamericanos a todos los efectos, para lo bueno y para lo malo. Se ganaban razonablemente bien la vida y habían conseguido un apartamento adecuado en Queens. Un apartamento pequeño pero muy agradable y limpio, no tenían hijos pero si a “Tucker”.

La oscuridad y la niebla, presentes  a lo largo del río, no les preocupaba, nunca habían sufrido agresión alguna, ellos eran de allí y no tenían miedo.

Aquella noche ella estaba un poco más cansada de lo habitual y decidieron de común acuerdo sentarse en uno de los bancos de cara al puente. Le estaba explicando a Andy las incidencias de una operación de hernia de hiato, que le habían practicado a un conocido presentador de la CNN, cuando todos sus sentidos la pusieron alerta, algo o alguien se movía a su espalda. “Tucker” también lo había oído, su cabeza levantada y sus orejas en tensión lo demostraban. Se oyó claramente un roce y a continuación como un interruptor, una rama quebrada, el obturador de una máquina reflex.

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El fotógrafo se alejó de allí en silencio. Tomó la instantanea entre otras aquella noche. La tomó en postura forzada, casi desde el suelo, con dos personas sentadas en el banco y un perrito a sus pies. La entregó a la agencia al día siguiente, junto con otras treinta y cinco. Cobró los cien dólares y se olvidó de la fotografía.

 

Una vez se convenció de que lo que fuera que había a su espalda ya no estaba, Carmen se relajó y apoyó su cabeza en el hombro de Andy. “Tucker” bajó la cabeza y la apoyó entre sus patitas delanteras. El no se había dado cuenta de nada pero al notar el roce de los cabellos de Carmen en su cuello se sintió el hombre más feliz del mundo. Cerró los ojos lentamente mientras la niebla subía desde el río.

 

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Albert·Música

EL ADAGIO BARROCO COMPUESTO EN EL SIGLO XX

Una de las obras más conocidas del barroco italiano es el famoso “Adagio en clave de Sol  menor” atribuido al compositor Tomaso Albinoni.

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Tomaso Albinoni

Tomaso Albinoni fue un músico veneciano que compuso medio centenar de óperas y música instrumental,  la mayoría conciertos para oboe. La mayor parte de sus partituras, principalmente las compuestas en su época de madurez, a partir de 1720, quedaron destruidas y se perdieron en el bombardeo de Dresde, durante la II Guerra Mundial,  ya que estaban depositadas en la Biblioteca Estatal. Precisamente la historia sobre el famoso “Adagio” tiene su origen en ese bombardeo. En 1945, un musicólogo italiano, Remo Giazzotto, que se dedicaba a la clasificación y catalogación de la obra de Albinoni encontró entre los restos de las partituras destruidas una en la que solo se podía identificar el pentagrama del bajo continuo y seis compases de la melodía. A partir del hallazgo Giazotto compuso la obra completa tal como la conocemos publicándola en 1958. Ël siempre afirmó que el compositor era Albinoni y su labor fue solo de arreglista, pero hoy se sabe que en el “Adagio” no hay apenas nada de la sonata a trio original. Es una de las curiosidades musicales más sorprendentes, que una obra muy conocida, un hito de la música barroca, fuera compuesta en realidad en pleno siglo XX.

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Remo Giazotto

 

Stjepan Hauser, uno de los cellistas jóvenes más prometedores interpreta el “Adagio” de Albinoni y de Giazotto.